lunes, marzo 21, 2005

Señorita Marianita

Antes de salir de su apartamento, de reojo vio que seguían inmóviles las muñecas de papel azules y grises. Cinco años después de que su último amante se las había regalado, habían acumulado polvo y seguían mirando hacia la ventana que la había decolorado con el sol que por ella se filtraba. Algo de calor subió por su cuerpo recordando esas noches de mayo.

Decendió a la calle y caminó hacia la capilla de viejas puertas oscuras que la recibía cada mañana. En su camino un fotógrafo ambulante le ofreció retratarla por 3 dólares. Una mueca fue su respuesta. No iba a gastar su dinero en conseguir algo que sabía que le diría que su belleza seguía siendo la misma. Por algo había sido la actriz más requerida en las obras del Teatro Nacional por más de 35 años.

Llegó a la capilla, se persignó y empezó sus letanías. Una media hora le tomaba terminar el rito diario.

Pocos minutos habían pasado cuando abrió los ojos y vió su reflejo en el dorado metal del Santísimo. Recordó la oferta del fotógrafo y rió, pero enseguida algunas preguntas se plantaron en su cabeza. ¿Qué hacía ahí? ¿Dónde estaban sus amigos de cuando su fama brillaba en todo lo alto? ¿Que había pasado con su ayer? ¿Por qué se sentía tan sola?

Tan rápido como sus años le permitieron, salió a la calle nuevamente. Apresuró el paso y encontró al fotógrafo a los pocos minutos. Sacó de su bolsa de mano cinco dólares y se los extendió:

- ¡Tómela, tómela! - Le decía mientras se arreglaba un poco el cabello. El hombre disparó su cámara instantánea y un minuto después le entregó el resultado.

La señorita Marianita vió la fotografía y tuvo que aceptar la realidad con tristeza. Se alejó de ahí con las lágrimas a punto de escapar de sus ojos. El tiempo había pasado demasiado rápido y ella no lo había notado.

No hay comentarios.: