sábado, junio 04, 2005

El día anterior

El día anterior a la noche que morí lo recordaré como el peor, y el mejor a la vez, de todos los que tuve. Amanecí tarde, a eso de las nueve, con el sol escapando entre las cortinas y un raro frío de verano. Ella seguía al lado mío, desnuda y blanca, dormida pero no ausente. La descubrí de sus cobijas con suavidad, debía de seguir dormida para que la memoria no me golpeara en la frente nuevamente.

La luz cenicienta de la habitación dejaba ver la belleza de su espalda, de su cintura, de sus caderas. Su cuerpo se recogió como si aún esperara por nacer, debió ser la temperatura baja. Era bella, siempre lo fue a mis ojos. Maldita sea, las imágenes pasadas volvieron a aparecer. Cerré los ojos mientras volteaba en busca de lo que quedaba del cigarrillo de marihuana de la noche anterior. Lo encendí, aspiré hasta que mi cuerpo sintió que el humo inundaba cada vaso, cada célula. Abrí los ojos y ya los recuerdos se habían ido.

Me acerqué a ella nuevamente, besé su hombro izquierdo con el mismo cariño de siglos, eso la despertó.

- Buenos días.
- Buenos - le respondí mientras llevaba el porrito a sus labios.

Aspiró, me regaló una sonrisa y mientras se estiraba completa iba soltando el humo. Era bella, siempre lo fue. Habíamos pasado la mayor parte de la noche con las almas unidas en un abrazo, con los cuerpos reventados de amor y pasión, y verla aún presente, completamente desnuda y mía, me hacía el ser más feliz del universo. Por lo menos en esos momentos, no era el usual yo.

Dos aspiradas mías y una de ella, un beso. Una aspirada mía y otra de ella, sus labios presionados en mi cuello. Una aspirada de cada uno, y el cigarrillo terminaba en el cenicero y mis labios en su pezón derecho. Ambos sentíamos la piel burbujeando.

Mi nariz apenas sentía la piel de su sexo y ya sentía la humedad creciente. Mi lengua, con su irrespeto acostumbrado, nos daba placer a ambos. Desde donde estaba podía ver las venas de su cuello, sus cejas fruncidas y su boca tratando de decir alguna cosa. Su manos aferradas a la almohada parecían querer desgarrar la tela que la cubría, las mías se llenaban con sus pechos y su vientre. La cordura la tomó por tres segundos, me miró directo a los ojos y casi no la escuché cuando me dijo entra en mí.

La sentía rodearme más y más con cada empellón mío, nos mezclábamos como un mismo ser que trataba de creer en sí mismo, que quería pensar que nada más importaba y que lo pasado no existía. El ritmo y las posiciones variaban el placer. El sudor y su respiración sabían a paraíso, a jardín escondido, a promesa y vida. Era tan bella, por lo menos así creo recordarlo ahora.

Rendidos y satisfechos nos echamos a descansar, uno abrazado detrás del otro, yo dentro de ella todavía, ella diciéndome que todo iba a mejorar. Dormimos, soñamos, creímos que el tiempo se había detenido. Algunas horas después me deperté con el sonido de la alarma de mi teléfono móvil, ella apenas lo escucho. Mientras me vestía en el baño, ella me preguntaba donde iba. Tenía que ir a trabajar esa tarde, el lunes algo tenía que estar terminado. La entristeció un poco la noticia, la besé en la frente y le dije que en la noche la compensaría yendonos a comer a ese restaurante del que había oído hace unos días. Sonrió y me dijo que no era necesario, que sólo me quería de vuelta temprano para poderme dar mil besos. Sus ojos oscuros y profundos denotaban una alegría que no veía en años y que sentía que se la debía desde siempre. Estábamos en paz.

Salí del departamento y rescotado en una de las paredes del ascensor solté involuntariamente una genuina sonrisa. De alguna forma, en la mitad del orgasmo conjunto de la mañana sentí que todo lo malo que nos unía antes se destrozaba amargamente, algo se había convertido en nada aplanado por el todo que ella y yo eramos en ese momento. Mi sonrisa se volvió en carcajada e hizo que la señora que me acompañaba en el decenso apretara con miedo su bolso. La ciudad se había vuelto demasiado peligrosa, su reacción era natural.

En la oficina sólo podía pensar en ella. No me había lavado las manos y su olor tan sexual y puro estaba impregnado en ellas, el pasarlas por mi nariz me hacía ansiar terminar pronto con todo y volver a sentirla cerca, me apuraba a llegar y decirle que quería pasar el resto de mi vida con ella. El verla despedirse desde su ventana era la imagen perfecta de que me refería a la felicidad que llenaba mi cuerpo, que movía a mi alma. Era tan bella, creo...

Cerré mi escritorio y la llamé para decirle que iba en camino. Casi podía verla dar pequeños brincos con cada uno de los siete que fueron su respuesta. Caminé dos cuadras bajo la luz de una naciente luna y los faroles amarilos de la calle, el bus que tomaría me dejaría al pie el edificio donde vivíamos en menos de veinte minutos.

Los pasajeros parecían tan tristes para mí, todo se veía tan efímero en ese momento en que yo era un rey. Sentí un sonido digital desde el bolsillo de mi pantalón. El mensaje de ella se leí así: ¿Si sabes que te amo, no? Desde hoy todo va ir bien.

Bonito el celular, chucha de tu madre me dijo el tipo de ojos rojos que viajaba en la columna de asientos a mi derecha, ese que me robó el sueño de ser otro, el que soltó los dos tiros que perforaron mi abdomen. No lo culpo, la ciudad era un mounstro que se tragaba al que no luchaba; pero si lo odio, porque me dejó de ella sólo el recuerdo de su belleza. Una belleza que era para mí el motivo de seguir de pie, una belleza que mientras me desvanezco recuerdo menos.

5 comentarios:

Ludovico dijo...

Muy linda historia. Me gusto muchisimo tu forma de escribir.

Un abrazo

efectodrago dijo...

Estimado WR276:

Leyendo esto me da ganas de decir:
"Necesito un cigarrito.
Ahora."

Anónimo dijo...

Con todo el respeto que mereces, ya que se piden opiniones, me atrevo a darte la mia. Me parece un poco "cansador" tu cuento... historia sabida, poca tensión narrativa o quizás un abuso de ella, algo que quiere ser pero se desvanece en el acto, que ilusiona demasiado en la primera frase y crea mucha espectativa de algo cierra con respuestas ya sabidas. Ahora, si tu intensión es esa, está bien pero podrías trabajar un poco más la narrativa. Besos.

Mauro dijo...

Muy interesante.

Anónimo dijo...

(otro anonimo)
no esta mal, pero concuerdo en algunas cosas con el primer anónimo, empezó bien, pero pudiste desarrollar un poco mejor todo para que el final tuviera el impacto que supongo quisiste darle.
además intenta que el sexo quede como algo dulce y despacito, no con ese gusto agrio que alimenta el morbo, asi no distrae sino que contribuye.
sigue escribiendo. (no soy ningun experto, no escribo ni gaver, pero me gusta leer mucho y uno aprende algunas cosas)