miércoles, junio 15, 2005

Sin fin

Siempre contemplaba el atrapa sueños que colgaba del techo de su cuarto antes de quedarse dormido. La suave brisa que se colaba por su venana lo hacía danzar lentamente, arullando a Marcelo como un bebé en su cuna.

Un incienso, a punto de consumirse, regalaba un aroma dulzón a la pequeña habitación. Todo eso le recordaba esa noche en que su novia se sintió incómoda cuando él deslizó su mano por su espalda.

No lo hagas - le dijo - ahí se encuentra mi alma, justo en mi espalda...

1 comentario:

Anónimo dijo...

ta bonito, simple pero completo, todo el cuento para una sola frase que al final lo hace todo.