domingo, septiembre 10, 2006

Traición

Nacho nos ha colaborado con un cuento de conflicto interno. Disculpa la demora Nacho, gracias.


El cigarro terminó de consumirse sobre la mesa. La ceniza parecía congelada sobre el filtro de taco corto. Guerrero casi terminaba su vaso de cerveza cuando una figura aparecía por la puerta. El sonido de las campanas en la puerta por sobre el constante murmullo y risas que había en el bar le advirtió de la nueva presencia. Guerrero giró levemente su cabeza para ver quién era. No era más que Nora la mesera del turno nocturno que nuevamente llegaba tarde. Volviéndose rápidamente a su posición inicial, Guerrero sacó otro cigarro de su bolsillo derecho y pidió otra cerveza, con algo de decepción. Él y Nora habían tenido un amorío en el pasado. Nada serio decía él, por suerte alcanzó a terminar todo antes que su mujer lo descubriera. Es que eran tiempos difíciles en el trabajo y casi no pasaba tiempo en casa, se justificaba. Nora lo miró he hizo un gesto de cortesía, aunque en verdad lo odiaba y amaba a la vez. Guerrero había llegado en un momento en el que necesitaba a alguien. El hecho que la dejara simplemente le destrozó el corazón. Luego entró a la cocina y salió a los pocos minutos con su delantal a atender a las mesas de la parte trasera.

Guerrero siguió sentado ahí en la barra, con su abrigo largo estilo detective. El gorro sobre la mesa hacía juego perfecto con la imagen de ganster que se suelen ver en las películas. De pronto, ya en su segundo vaso recordó por qué estaba ahí. Y comenzó a cuestionarse si lo que estaba por hacer era lo que realmente quería. Estaba algo confundido. ¡Cómo fue capaz de hacerlo!, se preguntaba entre dientes mientras se llevaba el vaso a la boca. ¡Maldita Perra infeliz!, hace dos semanas que se había enterado de la evidente aventura de su mujer con su patrón. De hecho, corroboró sus sospechas al volver de desprovisto a casa luego que haya olvidado su billetera sobre la mesa de la cocina. Al volver los escuchó cómo jadeaban sin el más mínimo pudor, la chaqueta siempre impecable de su patrón evidenció su presencia. No quiso hacer nada, en verdad no supo que hacer. Salió corriendo desesperado y lleno de rabia. No volvió a trabajar ese día ni al siguiente. Al volver por la tarde, su mujer lo recibió con la cena de costumbre y contándole ingenuamente qué había hecho en su día. Él la miraba mientras hablaba de todo lo que supuestamente había hecho ese día. El sonido de los latidos y el sin fin de maldiciones no lo dejaban escucharla. ¡Claro que estaba contenta, la maldita, si sólo se acostaba con mi jefe todas las putas mañanas!, pensaba mientras aspiraba su pucho con desesperación e impotencia.

Era lo correcto. Ella debía pagar por el daño que le había causado. Razón encontraba ahora por qué su jefe nunca le ofreció algún ascenso luego de haber trabajado 10 años en la empresa. Era obvio, no le convenía que tuviese más tiempo y mejor sueldo para dedicárselos a su esposa. Ese imbécil, me las va a pagar. Cómo es posible que me lo haya hecho a mí, que le he dedicado mi vida y mi sudor. Ya verán lo que les tengo preparado. Terminó de consumirse el cigarro cuando nuevamente las campanas dieron la bienvenida al nuevo cliente. Guerrero ya sin duda se gira para ver si aquel misterioso hombre que le habían recomendado para el trabajo, llegaba por fin. Nuevamente no era nadie, sólo el viejo Antonio que llegaba como de costumbre a gastarse los pesos que había ganado en la limosna de la tarde, éste lo saludó simpáticamente ya que Guerrero era uno de los pocos quien le daba algo de dinero. Guerrero lo saluda cínicamente y desconcertado se vuelve a sí mismo. Tenía ganas de conocer pronto a ese tal hombre misterioso. Navarrete. Un hombre en los sectores bajos de la ciudad se lo había recomendado. Él sabía hacer bien su trabajo, siempre limpio y rápido, decía el cantinero de aquél antro donde pasó la tarde de ese día infernal.

Ordenando su tercer vaso de cerveza, Guerrero vuelve a sus pensamientos. De todas maneras él había sido igualmente infiel. ¡Cuanto amaba a su mujer! Según él, si hubiera podido evitar lo ocurrido con Nora lo hubiera hecho. Pero no fue así. El efecto sedante ya comenzaba a afectar su carácter. Claro, él era un tipo que no acostumbraba a beber durante los días laborales, ni tampoco era muy parrandero por los fines de semana. Simplemente dejó de ser aquel hombre joven que alguna vez fue. Eso le pesaba, y mucho. Y quizás sea mi culpa que Vanesa me hubiera hecho esto, se decía. A fin de cuentas nunca tuve una riqueza inmensa ni soy muy agraciado físicamente. Por lo que lo nuestro tiene que haber empezado por amor, verdadero amor. Su cara comenzaba a cambiar poco a poco. Una extraña sensación de desconcierto. Esto no es lo que yo quiero. Yo la amo, y la quiero de vuelta. Matarla no me dará su amor de vuelta ni matarlo a él me regresará mi orgullo. Mi orgullo y mi hombría lo perdí el día que me metí con la loca de Nora. Esa aventura no podía destruir mi matrimonio ni tampoco lo hará esta. ¡Tengo que recuperarla!, ¡La amo!!La amo!.

Nuevamente las campanas sonaron. Ésta vez un hombre bajo, robusto y con sombrero chato. Era él, la descripción era la misma a la que aquel cantinero le había dado. Debía decirle que era todo una falsa alarma, que sentía haberlo hecho venir, lo invitaría a un trago y luego recomenzaría su vida. Estaba decidido. Tomó su gorro que estaba sobre la mesa. Dejó el dinero a un lado de su vaso, luego de terminarlo con un gran sorbo. Se puso de pie dispuesto a dirigirse hacía aquel hombre que lo buscaba sigilosamente con la mirada desde la entrada. Mientras Guerrero se manifestaba a dirigirse a la entrada vio cruzarse a Nora. El tiempo parecía más lento, fijó su mirada en Nora mientras ésta avanzaba hacía el otro lado del local con su vista fija en el con una leve expresión de pena y de adiós. Una vez quitada la mirada sobre Nora y dirigiéndose hacía la puerta vio un arma apuntándole la cabeza. Casi pudo ver como la bala se acercaba paso a paso, lo que fue casi instantáneo. Luego Un grito Desesperado de una clienta y Navarrete ya no estaba. El cuerpo cayó al suelo sin resistencia. Ya era tarde, la vida y la culpa de Guerrero dejaron de existir.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusto mucho el cuento porque mas que nada eso es una realidad que hoy en dia se vive mucho

Daniel dijo...

"improviso" no "desprovisto".

Anónimo dijo...

de verdad que no me gusto el cuento ya que la vida no debe ser asi!!!