jueves, julio 23, 2009

Ella...

El maquillaje fuerte la hacía resaltar entre las demás,
la noche le daba la bienvenida a su reino,
aquel de las ilusiones de minutos.

El rubor no oculta el paso del tiempo que no perdona,
son muchos amaneceres con el viento en el rostro,
esperando no regresar a casa con las manos vacías.

El sol se asoma diciendo que es hora de volver,
volver a seguir con la rutina,
a dormir mientras los demás apenas despiertan...

martes, julio 21, 2009

Tentación...

Lo observaba con detenimiento,
mesurando cada milímetro de su figura,
de cuando en cuando daba un par de golpecitos a la mesa,
lo volvía a mirar pensando si debía hacerlo...

Poco a poco acercó su mano acortando la distancia,
recordando paso a paso lo que podría suceder,
pero las ganas no se podían contener,
debía tocarlo, sentir su contorno, cada recodo de su figura.

Una vez cerca la emoción no pudo reprimir,
lo apretó entre sus manos, lo desnudó lentamente,
aspiró muy fuerte cuando lo tuvo cerca... y lo mordió...
era el mejor chocolate que había probado en mucho tiempo...

jueves, julio 02, 2009

El último vuelo de Ícaro

Mientras escapaban del laberinto del Minotauro, Dédalo vio a su único hijo morir por su inexperiencia y dejarse deslumbrar por la majestuosidad del vuelo. O al menos eso pensó...

Ícaro perdió sus alas al acercarse demasiado al sol, quería ser libre como un ave, no pudo evitar la tentación de experimentar la cercanía a ellas, sentir el aire golpeando su rostro mientras avanzaba, aspirar profundamente mientras el aire lo rodeaba, como si lo acariciara para acogerlo en su seno, pero ese momento de gloria duraría poco, sus alas se debilitaron y se precitió al mar.

Su padre voló en círculos muchas ocasiones el triste lugar donde sólo se veían unas alas destrozadas, siguió sin suerte hasta perder las esperanzas y marcharse. Ícaro se hundió lentamente, inconsciente y debilitado se dejó tragar por el mar, esta vez el paisaje era diferente, peces y monstruos marinos lo rodeaban, moviéndose rápido algunos y contando sus movimientos otros... A pesar de que sabía que era su fin se sentía a gusto, no había tenido experiencia semejante durante su corta vida, era inexplicable... Tan sólo se dejó llevar hasta perder el conocimiento...

Pensando todo perdido y sin saber como sucedió, Ícaro despertó en una playa de arena brillante y solitaria... Lentamente se incorporó, no sabía qué había pasado, ni dónde estaba... Pensó por un rato tratando de encontrar respuestas en su cabeza, pero lo único que atinó a hacer fue que no se podría quedar allí por mucho tiempo sin que lo atrapara la noche, los animales saldrían y se volvería un lugar peligroso...

A medida que se alejaba de la playa buscando un camino se encontró con extrañas figuras, árboles frondosos e intimidantes, pequeños animales que corrían al verlo, plantas que parecía que lo observaban y susurraban entre ellas mientras él pasaba... Pero su mente poca importancia le daba a aquello, el único pensamiento que se mantenía en su cabeza era el de su vuelo, seguía recordando la sensación del contacto de su piel con el viento, por un momento se sintió casi un Dios...

Sobrevivió a intrincadas rutas, pasó hambre, se alimentó de lo que otras ocasiones hubiera considerado como incomible o comida para animales apenas... Sin percatarse pasó un año esquivando peligros, sin encontrar un horizonte que lo hiciera pensar que había una salida...

Al fin un día encontró una gruta que lo llevó hacia un camino de luz, sería su encuentro con la libertad! Tristemente lo que encontró fue apenas la salida hacia la punta de un acantilado, escalando un poco más pensó en que podría ver el camino que había seguido y poder hallar una salida... La respuesta fue desoladora, para donde viera sólo existían bosques obscuros rodeados por mar, estaba encerrado en una isla de ilusiones, donde todo lo que parecía cierto tenía que dudarse, un lugar donde lo único que encontraría sería siempre bestias salvajes y serpientes hambrientas dispuestas a engañarlo para que cayera en sus garras...

Tan sólo comenzó a reír, entendió que todo era una broma del destino... Dio media vuelta y echó a correr hacia el acantilado... Sería libre una vez más... Saltó hacia el vacío, con las alas que habían crecido en su corazón... Voló sin miedo, sin limitaciones... Dejó atrás lo que lo ataba a este mundo...

martes, febrero 24, 2009

Sentir

Nacen ideas y en segundos mueren. Mueren y después vuelven en diferente forma,
nos envuelven hasta al punto exacto donde nadie las comprende.

Creo en muchas cosas que a la vez son nada,
nada comparado a la emoción de sentir el viento en la cara
que seria del hombre si no sintiera nada.


Sentimientos que nacen de una fuente desconocida sugerida como pensamiento,
pensamientos frágiles que en ocasiones se los lleva el viento.

Juzgar a nadie no tiene sentido, cada cual es responsable de sus líos
Quizá un día se logre entender que ser libre no es correr por doquier
sino vivir tranquilo y sin correr.

El alma gemela no existe, pero si los complementos
Que tan completo esta tu espíritu si no sonríes con la cara al viento.
El amor es un deseo, deseo que se lleva dentro,
deseo de ser aquél complemento de quien esta incompleto.

No hay prueba sobre la tierra que indique cual es el clímax del amor,
pero las sonrisas prueban que el amor no acabó.

Siento que amo, me siento amado, siento el viento en mi rostro
pienso y siento y creo que el amor no a terminado.


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Escrito por mi hermano: Emilio Campaña Naranjo (Chef, Músico, Amigo y Hermano)

lunes, febrero 16, 2009

¡Eres Tú!

Suave y dulce como una cereza madura, dejas el recuerdo de tus movimientos lentos y tus ganas de atacar... Como olvidar tus labios Gabriela...

Cómo olvidar tu aroma, tus caricias alocadas y tu mirada asesina... Tenerte era como enfrentarse a una marejada de color marfil... Irremplazable Beatriz...

Tu indómita fuerza mezclada con tu sonrisa infantil me idiotizaba al tan sólo sentirte cerca, haciendo que seas la única, la que nunca podré cambiar... Nadie como tú Verónica...

La forma en la que mordías tus labios como evocando lo que estaría por venir, aún cuando siempre decías que era tan sólo un gesto que solías hacer... Me enloqueces Analía..

Tu respiración entrecortada, tus sonidos, tu calor, nada era igual después de escucharte, de sentir como subía la temperatura cuando ponías un dedo sobre mi cuerpo... Exquisita Malena...

Es que eres tú la única, la que no pasa, la que no se deja atrás, la que me sigue en esta vida y la otra... Con distintos rostros, acentos, colores y olores, pero sé que siempre eres tú, la que me acompaña a lo largo de este viaje atemporal... ¿O quizá tan sólo soy yo quien trata de encontrarte en cada mujer?

¿Y si no eres tú? Te seguiré buscando entre cada olor y recuerdo que pasa frente a mi... Tratando de encontrar esa esencia que nos convierte en algo que no se puede perder sin importar el tiempo...

lunes, octubre 22, 2007

Evadiendo la realidad

Cierro los ojos.
Vuelo por el espacio sideral con mis alas de cristal,
esquivando adversidades, desobviando la realidad,
evito caricias, besos que no quiero,
me alejo del mundo,
yo ya no lo quiero..

miércoles, marzo 14, 2007

Estaba soñando. Eso lo sabía porque algo dentro de ella le gritaba que todo lo que veía a su alrededor no podía ser cierto. Era ella y se podía contemplar al mismo tiempo. Y las cosas que le sucedían era lo que siempre había querido que pasase en su vida. Era ella y le gritaba a sus padres, les decía todo lo que había querido decirles toda su vida!

O era ella y era abrazada por misteriosos seres que la iniciaban en un mundo de sombras.

Y que feliz era mientras dormía!

Una noche llegó a su cama, contenta por otro sueño más que tendría. Por ocho horas sería completamente feliz, entregada en los fuertes y viriles brazos de Morfeo; podría volar si quisiera, cambiar el color de su cabello y el sabor de su vida. Podría besar otros labios sin que la acusen de pecado.

Esa noche trató de cerrar los ojos, fue inútil, y en ese momento aborreció su vida, la del día, la que tenía que ser quien era, y no podía cambiar nada. Quiso obligarse a dormir, pero cómo?

Estaba furiosa.

Agarró un fino y peligroso estilete y comenzó a dibujar líneas que iban abriendose paso por su piel. Sus brazos sangraban, y aquello dolía, pero con el dolor se iba sintiendo cada vez más débil, más indefensa. Hasta que quiso gritar, pero su garganta estaba llena de sangre.

Esa noche no volvió a soñar. Su apuro fue en vano.

miércoles, febrero 21, 2007

Lais Roma Dero

Apareciste en mi vida, esa mañana de febrero, en la que preguntabas por unas personas y no sabías que detras de aquellas gafas rosadas, mis ojos te contemplaban de pies a cabeza, admirando cada detalle de tu cuerpo.

Esculpido perfectamente al vaivén de las olas, de las rocas, de aquel aire salino y limpio, tus brazos fuertes y duros me dejaron sin aliento. Tu cabello negro, petreo y liso me hizo desear pasar mis manos, acariciarlo.

Apareciste unos segundos, pero quise estrecharte en mis brazos, perderte en tu boca, contemplar tu cuerpo desnudo.

Y en el lleva y trae del día pude acercarme a ti, abordarte de la manera mas felina posible. Y mientras hablabas, podía pretender que acariciabas mis orejas con tus palabras y que tus ojos me desnudaban, me arrancaban la ropa a pedazos.
Esa noche que apareciste en mi vida, soñé contigo, apenas sabía tu nombre, pero tu imagen ocupaba mi mente.

Al día siguiente de que apareciste por esa puerta, yo me acerqué a ti, tímidamente pregunté si podía estar contigo.

Contigo y con más personas a tu cargo...

Aquel día fue inmemorable. Dentro de mi cabeza almacené todo lo que dijiste, mientras movías los labios, dejaba que acariciaras lentamente mis oídos...

Admiraba la pasión con la que hablabas sobre la tierra en la que habías nacido, tu orgullo implecable y tu manera de ser, tan desenvuelta y extrovertida.

Aquel día, timidamente, me quité la ropa, tratando de no ser tan obvia. Descubriste en mi un cuerpo que no era perfecto, cubierto por un traje de baño que dejaba ver el nacimiento de mis senos y mis caderas descubiertas.

Ese dia, echando uso a una artimaña de mujer, logré que agarraras mi mano, que te acercaras a mi. Y yo que queria meter mi lengua entre tus dientes, tuve que reprimirme, mujer que soporta sabiamente el momento y que sabe que lo que tiene que pasar, pasará.

Y fue esa tarde, al día siguiente que apareciste por mi vida, que me dijiste que sería una buena idea vernos por la noche. El plan era sencillo, ingenuo, una caminata y una conversacion. Pero los dos sabiamos que no tendriamos tiempo, que yo me iría al día siguiente y que muy probablemente no volveríamos a vernos.

Por eso me llevaste a tu casa, en la oscuridad me enseñaste el arbol que protegía tus sueños, cuyas flores rojas acariciaban tu rostro. Esa noche me besaste, me abrazaste y me llevaste a tu cuarto. Y en mi cabeza, todas aquellas ideas de protección y inseguridad se disiparon en cuanto me quitaste la ropa, casi violentamente.

Y aún en la oscuridad pude sentir esos brazos que me habian dejado boquiabierta, esa boca que tanto habia querido besar, que ahora me mordía los labios y me chupaba los senos, ese cuerpo que tanto habia deseado me hizo suspirar y gemir y querer arañar las paredes por la pasión que estaba siendo consumido ferozmente por tu cuerpo y el mío. Y entre dientes me dijiste que me habías contemplado y que habías deseado estrecharme entre tus brazos y que no habías encontrado la excusa perfecta para hacerlo. Y mientras sonreía, tus violentas embestidas me hacian hervir de fiebre, mientras mis orgasmos me ahogaban...

Deseaba que ese momento durara para siempre pero sabía que tenía que irme. Por un momento quise quedarme allí, en ese cuarto, en esa cama, eternamente, ser tu mujer, ser tu hembra para siempre, echar raíces contigo...pero sabía que lo que fácil comienza, fácil termina.
Y al día siguiente nos acompañaste al aeropuerto. Tratando de que nadie nos viera, tomaste mi rostro con tus fuertes manos y me diste el último beso. Tuve que reprimir mis lágrimas, tuve que tragarme el dolor que sentía en mi pecho, que me carcomía, me calcinaba y subirme en ese avión, que terminaba de tajo una historia rápida, intensa y sin explicaciones.
Y aquel lugar mágico ahora tiene un nombre, un rostro y un árbol rojo que nunca pude observar. Ese recuerdo es el que me hace querer volver.
(El titulo es un anagrama de su nombre. Este post lo escribo en silencio, sumida en una profunda depresión que corroe mis entrañas. Y esperando que algun dia, la persona a la que va dedicado este post, pueda leerlo)

martes, enero 30, 2007

Volar

Flotando suavemente sobre un cielo cubierto de nubes, sonríe, alza un poco más el vuelo y baja lentamente para ver la figura montaña cubierta por verdes pastos, grandes sembríos cubren la zona, la vista es fascinante, animales y flores por doquier es imposible creer que todo estaba ahí tan cerca y que no fuera posible darse cuenta de su belleza.

¡A trabajar imbécil! Un grito manda al piso la belleza de aquél momento, es necesario volver a las tareas, a seguir partiéndose el lomo en el trabajo. No era más que uno de los momentos en los que Ángel podía ser libre de verdad. Agobiado por su trabajo, con sus sueños de grandeza olvidados y apilados en una esquina de su habitación, no le quedaba más que escapar de la realidad apenas pudiese.

Los días pasaban sin poder escapar de aquél lugar, alguna vez soñó que llegaría a recorrer el mundo tan sólo preocupándose de cual sería el siguiente destino, pero cada nueva empresa que él consideraba sería su camino hacia el éxito terminaba siendo nada más que una mofa para su familia y amigos. Al final del camino había optado por tomar aquél sucio trabajo en la empresa de su primo vigilando que nadie se robara la mercadería de sus bodegas, al menos así podría callar a su familia y no morir de hambre mientras pensaba en su siguiente hazaña.

Su única esperanza, o más bien, su único consuelo era ella. La niña que desde su época colegial
lo había hecho creer en la existencia del verdadero amor. Daniela era una jovencita que a cualquiera ponía a suspirar, en especial entre los chicos del barrio, cuando lo aceptó como su novio la emoción no cabía en su pecho. No llevaban ni siquiera un par de semanas como novios y él ya soñaba con la casa donde vivirían, los hijos que tendrían, inclusive sabía cómo se llamaría su perro labrador, aquél que tanto quería su hijo Julián, el menor.

El criminal que habita entre los hombres, aquél que nos roba todo lo que puede y oculta todo lo que se le cruce por delante volvió a atacar... El tiempo... Pasaron años y seguía clavado a ese fétido lugar, cada día que pasaba le parecía más difícil de soportar. Y lo peor es que, la dichosa idea que lo sacaría de allí, no llegaba, ni siquiera se anunciaba.

Un buen día Daniela se le acercó y dijo una frase que haría las veces de un afilado cuchillo cruzando desde un costado hacia el otro del cuello. ¡Terminamos! No puedo seguir esperándote, no puedo vivir de ilusiones y de un gran hombre que nunca llega a ser.

Cada palabra dicha por ella iba aniquilando a sus hijos, al perro, la casa, todo...

Finalmente lo pudo ver, había estado allí durante todo el tiempo, la respuesta a sus preguntas... Volvió una vez más a volar, esta vez tomó mucha más fuerza y comenzó a recorrer cada segmento que antes había olvidado, la casa de sus amigos, la escuela donde estudió, no quedó recodo sin visitar. Era impresionante ver todo aquello a esa distancia.

Siguió recorriendo la ciudad hasta que se aburrió, volvió a ver una última vez el lugar donde le dio el primer beso a su amada y finalmente emprendió la partida, al fin sus anhelos no conocerían límites, era libre de una vez por todas.

¡Extraaaaa, extraaaaaa! Vociferaba un pequeñín en las calles mientras trataba de vender los últimos diarios que le quedaban. Un señor se acerca y le pregunta, ¿qué hay de nuevo que deba saber? Un joven se lanzó de un edificio a mitad de la noche, lo encontraron esta mañana respondió el chiquillo. ¡Bah! Algún infeliz sin futuro probablemente, prefiero ver la sección de deportes.

domingo, octubre 01, 2006

Despedida

Clara escribió una nota sobre la mesa.
Usaba su lapiz de labios como crayón.

"Siempre te he querido, siempre te querré"

Y era verdad. Siempre lo quiso, desde el momento que lo conoció.
Ella quedó atrapada en medio de su piel blanca y sus labios finos.

Y ahora, tanto tiempo después, viendo que la vida con él y sin él era un infierno, tomaba una solución definitiva.

Como le dolía irse sin despedirse. Pero en el caso de ellos, era tan común.

Agarró sus cosas y se fue.

Y detrás dejó el cadáver de aquel que había sido su amante tantos años, mientras un charco de sangre avanzaba lentamente por la puerta....

domingo, septiembre 10, 2006

Traición

Nacho nos ha colaborado con un cuento de conflicto interno. Disculpa la demora Nacho, gracias.


El cigarro terminó de consumirse sobre la mesa. La ceniza parecía congelada sobre el filtro de taco corto. Guerrero casi terminaba su vaso de cerveza cuando una figura aparecía por la puerta. El sonido de las campanas en la puerta por sobre el constante murmullo y risas que había en el bar le advirtió de la nueva presencia. Guerrero giró levemente su cabeza para ver quién era. No era más que Nora la mesera del turno nocturno que nuevamente llegaba tarde. Volviéndose rápidamente a su posición inicial, Guerrero sacó otro cigarro de su bolsillo derecho y pidió otra cerveza, con algo de decepción. Él y Nora habían tenido un amorío en el pasado. Nada serio decía él, por suerte alcanzó a terminar todo antes que su mujer lo descubriera. Es que eran tiempos difíciles en el trabajo y casi no pasaba tiempo en casa, se justificaba. Nora lo miró he hizo un gesto de cortesía, aunque en verdad lo odiaba y amaba a la vez. Guerrero había llegado en un momento en el que necesitaba a alguien. El hecho que la dejara simplemente le destrozó el corazón. Luego entró a la cocina y salió a los pocos minutos con su delantal a atender a las mesas de la parte trasera.

Guerrero siguió sentado ahí en la barra, con su abrigo largo estilo detective. El gorro sobre la mesa hacía juego perfecto con la imagen de ganster que se suelen ver en las películas. De pronto, ya en su segundo vaso recordó por qué estaba ahí. Y comenzó a cuestionarse si lo que estaba por hacer era lo que realmente quería. Estaba algo confundido. ¡Cómo fue capaz de hacerlo!, se preguntaba entre dientes mientras se llevaba el vaso a la boca. ¡Maldita Perra infeliz!, hace dos semanas que se había enterado de la evidente aventura de su mujer con su patrón. De hecho, corroboró sus sospechas al volver de desprovisto a casa luego que haya olvidado su billetera sobre la mesa de la cocina. Al volver los escuchó cómo jadeaban sin el más mínimo pudor, la chaqueta siempre impecable de su patrón evidenció su presencia. No quiso hacer nada, en verdad no supo que hacer. Salió corriendo desesperado y lleno de rabia. No volvió a trabajar ese día ni al siguiente. Al volver por la tarde, su mujer lo recibió con la cena de costumbre y contándole ingenuamente qué había hecho en su día. Él la miraba mientras hablaba de todo lo que supuestamente había hecho ese día. El sonido de los latidos y el sin fin de maldiciones no lo dejaban escucharla. ¡Claro que estaba contenta, la maldita, si sólo se acostaba con mi jefe todas las putas mañanas!, pensaba mientras aspiraba su pucho con desesperación e impotencia.

Era lo correcto. Ella debía pagar por el daño que le había causado. Razón encontraba ahora por qué su jefe nunca le ofreció algún ascenso luego de haber trabajado 10 años en la empresa. Era obvio, no le convenía que tuviese más tiempo y mejor sueldo para dedicárselos a su esposa. Ese imbécil, me las va a pagar. Cómo es posible que me lo haya hecho a mí, que le he dedicado mi vida y mi sudor. Ya verán lo que les tengo preparado. Terminó de consumirse el cigarro cuando nuevamente las campanas dieron la bienvenida al nuevo cliente. Guerrero ya sin duda se gira para ver si aquel misterioso hombre que le habían recomendado para el trabajo, llegaba por fin. Nuevamente no era nadie, sólo el viejo Antonio que llegaba como de costumbre a gastarse los pesos que había ganado en la limosna de la tarde, éste lo saludó simpáticamente ya que Guerrero era uno de los pocos quien le daba algo de dinero. Guerrero lo saluda cínicamente y desconcertado se vuelve a sí mismo. Tenía ganas de conocer pronto a ese tal hombre misterioso. Navarrete. Un hombre en los sectores bajos de la ciudad se lo había recomendado. Él sabía hacer bien su trabajo, siempre limpio y rápido, decía el cantinero de aquél antro donde pasó la tarde de ese día infernal.

Ordenando su tercer vaso de cerveza, Guerrero vuelve a sus pensamientos. De todas maneras él había sido igualmente infiel. ¡Cuanto amaba a su mujer! Según él, si hubiera podido evitar lo ocurrido con Nora lo hubiera hecho. Pero no fue así. El efecto sedante ya comenzaba a afectar su carácter. Claro, él era un tipo que no acostumbraba a beber durante los días laborales, ni tampoco era muy parrandero por los fines de semana. Simplemente dejó de ser aquel hombre joven que alguna vez fue. Eso le pesaba, y mucho. Y quizás sea mi culpa que Vanesa me hubiera hecho esto, se decía. A fin de cuentas nunca tuve una riqueza inmensa ni soy muy agraciado físicamente. Por lo que lo nuestro tiene que haber empezado por amor, verdadero amor. Su cara comenzaba a cambiar poco a poco. Una extraña sensación de desconcierto. Esto no es lo que yo quiero. Yo la amo, y la quiero de vuelta. Matarla no me dará su amor de vuelta ni matarlo a él me regresará mi orgullo. Mi orgullo y mi hombría lo perdí el día que me metí con la loca de Nora. Esa aventura no podía destruir mi matrimonio ni tampoco lo hará esta. ¡Tengo que recuperarla!, ¡La amo!!La amo!.

Nuevamente las campanas sonaron. Ésta vez un hombre bajo, robusto y con sombrero chato. Era él, la descripción era la misma a la que aquel cantinero le había dado. Debía decirle que era todo una falsa alarma, que sentía haberlo hecho venir, lo invitaría a un trago y luego recomenzaría su vida. Estaba decidido. Tomó su gorro que estaba sobre la mesa. Dejó el dinero a un lado de su vaso, luego de terminarlo con un gran sorbo. Se puso de pie dispuesto a dirigirse hacía aquel hombre que lo buscaba sigilosamente con la mirada desde la entrada. Mientras Guerrero se manifestaba a dirigirse a la entrada vio cruzarse a Nora. El tiempo parecía más lento, fijó su mirada en Nora mientras ésta avanzaba hacía el otro lado del local con su vista fija en el con una leve expresión de pena y de adiós. Una vez quitada la mirada sobre Nora y dirigiéndose hacía la puerta vio un arma apuntándole la cabeza. Casi pudo ver como la bala se acercaba paso a paso, lo que fue casi instantáneo. Luego Un grito Desesperado de una clienta y Navarrete ya no estaba. El cuerpo cayó al suelo sin resistencia. Ya era tarde, la vida y la culpa de Guerrero dejaron de existir.

domingo, julio 23, 2006

Teodoro

Lázara Covarrubias nos ha enviado un cuento. ¡Gracias Lázara!

La velocidad con que se vive, no deja espacio para los que ya no están; sus logros y fracasos parecen lejanos y los relatos de otras vidas se vuelve un hábito ocioso, el ?había una vez?? no es sino un lujo difícil de alcanzar.
Sin embargo, cuando se intenta recordar los vacíos son tan definidos que la imaginación no se detiene ante la angustia, y en el error sólo hay un consuelo posible ?? así fue, porque no pudo ser de otra manera??

El tío Teodoro vivía en el estacionamiento de una importante avenida de ese lugar, imagino que llegó ahí contratado para cuidar los autos, porque cuando lo conocí era tan viejo que ni él mismo recordaba porqué o para qué estaba ahí. Algunos contaban que un día apareció sin decir nada y que desde entonces ya era tan viejo que nadie tuvo valor para preguntarle de dónde venía, otros decían que había trabajado en la construcción de aquel moderno edificio, que estuvo bajo las órdenes del ingeniero (en esa época no había lugar para finos arquitectos) encargado de tan importante empresa y que fue precisamente el día en que se celebraba el término de la obra cuando el viejo Teodoro resbaló golpeándose la cabeza, todos habían bebido de más, nadie se percató del accidente y desaparecieron uno a uno olvidándose del de él, quien aturdido por el golpe se olvidó de su último oficio y permaneció como fiel guardián en el estacionamiento de aquel lugar.

Mi abuela María le contó a mi padre que Teodoro era su tío, y mi padre a su vez nos lo contó a mí y a mis hermanos, pero yo siempre tuve mis dudas pues mi abuela María siempre tenía historias muy raras que contar, además nunca aclaró como es que lo sabía. Sin embargo, a mi edad eso no importaba mucho y la emoción de las visitas al tío Teodoro era más fuerte que mis dudas sobre el oscuro parentesco.

El estacionamiento no era muy grande, pero estaba lleno de autos lujosos, o al menos así me lo parecían pues contrastaban enormemente con la pobreza del cuarto en el que vivía con su compañera, cuyo nombre no logro recordar pues cuando Teodoro hizo la presentación oficial con la familia sus mujeres habían sido tantas, que nadie sintió interés en grabar su nombre, y por aquello de las confusiones todos comenzaron a llamarla ?la mujer de Teodoro?.

No todas sus pertenencias se encontraban en ese cuarto, ahí sólo había una cama (casi tan vieja como ellos dos) a la que le faltaba una pata y era sostenida no por libros, sino por una pila de revistas baratas que nunca leyeron pues no sabían hacerlo; una mesita de madera de segunda tan pequeñita que sólo servía para poner el pocillo de peltre para el café de cada mañana; dos tablas sosteniendo una vieja parrilla que alguien por compasión les obsequió; y no menos importantes dos banquitos que hacían las veces de sillas de comedor, uno de frío metal cubierto por una sucia manta y otro de madera; tres platos despostillados, dos cucharas, un cuchillo y cuatro tarros para ofrecer un poco de café a los invitados que nunca llegaban; y, no podían faltar las cuatro paredes no muy altas pero sí muy feas y cansadas de escuchar las historias del tío Teodoro, pues como ya dije no todas sus pertenencias estaban en ese cuarto, el tenía además dos ollas de barro completamente llenas de monedas de oro. ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡El tío Teodoro era rico!

Tenía no una, sino dos, dos ollas llenas de monedas de oro, ah pero eso sí oro del bueno, del que había antes, el que se podía conseguir durante la revolución.

Contaba una y otra vez que lo consiguió cuando era menos viejo y andaba en la bola, lo obtuvo en una hacienda del norte del país al mismo tiempo que conseguía a su primera esposa a la que por supuesto nadie conoció y de la que nunca se supo nada, pero que más daba, el tío Teodoro ¡era rico!.

De pronto todo tenía sentido, su vejez ya no era extraordinaria sino lógica, él estaba ahí por mí, había aguantado todos esos años porque me esperaba, porque quería contarme donde estaban las ollas que escondió cuidadosamente para no perder, sí, quería que yo las rescatara, ?el dinero? me decía en secreto cuando nadie nos miraba: ?está en un monte hacía el norte, entre dos pirules muy frondosos por cierto, no en el de la derecha sino en el de la izquierda, para llegar a ellas debes caminar tres pasos hacía donde se pone el sol, das vuelta al noroeste tres y medio pasos, saltas dos veces no muy alto y cavas de derecha a izquierda y ya está??.

Su historia me eclipsaba y había en su mirada una magia imposible de borrar y aunque no recuerdo cuando fue la última vez que estuve con él, sí recuerdo aquel hospital público en el que mi madre y yo esperamos por más de veinte minutos hasta que apareció la hermana de mi padre, para decir una serie de incoherencias, entre ellas, que la próstata de Teodoro no estaba bien y que muy probablemente era el final.

Por muchos años trate de no pensar en sus palabras, imaginando que tal vez ella no entendía, Teodoro no podía irse, de hecho nunca se fue. Yo lo guardé para mí, con la misma ilusión y el mismo celo con el que él guardó su tesoro, el que compartimos juntos y nos hizo menos pobres.

jueves, julio 13, 2006

El laberinto

Un poco tarde (no tan poco) pero les comparto un cuento que nos envió Giovanny. Gracias.


Se decía que el camino estaba maldito, y que cualquiera que se atrevía a pasar le sucedían cosas terribles.


Cuentan que un joven se perdió en esa vereda, encontraron al lado del cauce unas manchas de sangre en forma de manos cuando el diablo se lo llevó, jamás encontraron su cuerpo.

El otro día entre amigos, acordamos pasar por ese lugar, la apuesta era cruzarlo de noche y así probaríamos nuestra valentía.

Llegó el día, nos reunimos al lado del colegio, llegado el momento corrimos dentro de los matorrales, uno a uno cruzábamos los obstáculos, los callejones del laberinto, juramos ante todo no separarnos.

Corrimos buscando la salida, escuchábamos voces, el miedo se servía en una taza de café, acompañada de la repentina adrenalina que recorre los bongoes acelerados del corazón.

¡Cuantas veces caímos!, ataviados por el miedo, así nos levantábamos unos a otros, entonces dijo el mayor -¡Miren, allí esta una luz!- por fin habíamos llegado a la salida y corrimos todos chollados y llenos de mozote.

¡Que alegría!, lo habíamos logrado todos estábamos algo asustados, algo alegres, y entonces sobrevino el problema más grande que jamás me hubiera imaginado.

¡La llave! -Dije- ¡Se me cayó la llave!, tendré que volver por ella.

Ahí te ves -Me dijo uno-.
Nos vemos, ya es muy tarde -Me dijo otro-.
Este creo que mi mamá me está llamando -Comentó el más alto-.

¡Cobardes! -Dije- estaba solo y mi mente se debatía entre el deseo de alejarme y volver por la mañana o buscar entre los matorrales.

¡Al diablo! -Dije- que lo busque su abuela, volveré mañana bien tempranito apenas la luz del sol despierte el horizonte.

Y así fue, volví la mañana siguiente a buscar entre todo el recorrido, lo sé, tenía miedo, pero más grande era el miedo a la faja de cuero que me esperaba en casa.

Decidí ir solo, ya que los otros andaban en clase...

Llegué al camino, con mucho miedo, buscando en cada rincón la llave, y al pasar por un punto en medio del recorrido, había una especie de mirador, en su orilla crecía la verde grama, aquello era hermoso, disfrute el sentarme a respirar aire fresco, como en pocos lugares, no pude encontrar nada mas que aquel majestuoso lugar, a pesar de eso, dije: ¡qué bonito sería pasar todo el día!

¡Puedes hacerlo! -dijo una voz-.

Y patitas para que las tengo, si casi ni lo cuento, era una voz tenebrosa, como la de un joven, regresé por donde vine, con más frío que miedo. Les conté a los muchachos pero no me creyeron.

Tiempo más tarde, con más años, visité el sitio, sin miedo alguno, atrapado por la belleza de ese lugar, busqué el mismo sitio de aquel día maravilloso, pero no era el mismo, cerca unos chigüines en chancletas estaban recostados, ¡la próxima generación! -dije- y corrieron despavoridos del miedo.

Por alguna razón extraña tropecé con una piedra y me topé con una cueva, jamás en mi vida había visto algo así, dentro de la cueva encontré un cadáver y en sus huesudas manos llevaba una llave, la misma que había perdido años atrás.

Aún no encuentro una explicación razonable.

A veces creo que la llave está maldita, por que después de recuperarla he tenido el mismo sueño noche tras noche.

Me veo caminando cerca del puente, una mano tira de mí y caigo en el barranco, dentro del cauce un ejercito de almas en pena con candelas me persigue y busco como subir, al lograrlo corro directo a mi casa, golpeo con insistencia para que abran, no encuentro las llaves, el ejercito de zombis me persigue y justo cuando están a punto de llevarme, se escucha la cerradura abriéndose, en ese instante, distraído por los moribundos seres, se abre la puerta y una mano me tapa la vista introduciéndome a la casa.

Es allí donde despierto asustado, reconfortándome, tratando de olvidar esos sueños campados e irreales.

A veces quiero despertar de esta realidad, en donde un pequeño relato me sobresalta pasada la noche.

El reloj

Guillermo Dufranc nos ha enviado un cuento. ¡Gracias!

Veía pasar las horas, todos los días, a todo momento y sin pausa. Nunca descansaba sus bracitos que daban vueltas y vueltas, una vieja fórmula que aprendió de su familia muchísimo años atrás. Sus movimientos eran lentos pero constantes, nunca dejaba de moverse con la perfección que siempre tuvo.

Marcaba la hora sin segundos de más, pero un día se puso a pensar que significaba el tiempo en realidad, qué es eso que pasa sin parar y que todo el mundo lo mira para saber que hora es, acaso hay algo que esperan lo horarios de comer, divertirse, salir, volver, vestirse, dormir. En ese preciso momento es cuando se dio cuenta que el tiempo existe aunque a él no le sirve y así se le hizo tarde.

viernes, junio 16, 2006

Sensesless...

Después de haber hecho eso, que tanto había soñado, que tanto había fantaseado, se dió cuenta que toda esa fantasía que tanto había planeado, no había cubierto ninguna de sus expectativas.

Se sentía con la mente en blanco. El corazón no estaba en su lugar. Dura como una piedra, sin emoción y sentido. Quería... No, no quería nada.

Cómo puede ser, que después de algo tan grande, de una fantasía tan anhelada, no puede sentir nada?

Quizás por eso, la verguenza y la desesperanza se habían convertido en una masacota difícil de digerir.

sábado, mayo 13, 2006

La helada

La noche se agazapaba lenta y misteriosamente sobre la penumbra de quienes se apostaban fuera de las calles. La sombra de Katrina se proyectaba gigantescamente sobre las paredes sin terminar. La gabardina de cuero ejecutaba una danza misteriosa con el viento que comenzaba a nacer una noche de mayo por la capital.
Comenzaba la epoca donde el frio, la noche y la miseria se conjugaban. Y Katrina no podia sentirme mas contenta. El frio, la noche, todo se confabulaba para poder perseguir sus mas obscuras intenciones.
Alicia caminaba rápidamente por la calle, tratando de llegar a salvo a su casa. A pesar de su corta edad, sabía lo peligroso que era exponerse cuando el sol se ocultaba.
Katrina observaba sus pequeños pasitos desde lo alto de la catedral. Sonrió. Y mostró sus feroces fauces a la luz de la luna pálida que comenzaba a llorar una muerte prematura.
Fue rápido, lento y suave, como una fina tela fácil de cortar. Con un rápido movimiento aterrizó frente a Alicia, que dejó caer un puñado de monedas. La agarró por el cuello y sin piedad atacó a la pequeña, que dejó hacerse indefensa, inútil. Dejó caer el cuerpo, recogió las monedas y se abrochó un botón de la negra gabardina de cuero, que había dejado de jugar con la trágica noche que se despedía.

jueves, mayo 11, 2006

El primero de su especie

Giovanny nos comparte un relato. Disculpa la demora en la publicación. Gracias Giovanny.


Esta mañana encontré las paredes tan ásperas, dudé, dormí después.


Encontré volando un mosquito verde, era tan verde que parecía cosa sacada de un cuento estrafalario, voló hacia mí, me rodeó varias veces, sentí su zumbido en mi oreja, pero lo juro era muy extraño, era un animalito del bosque, parecía camarón volador.

Luego se posó en un macetero, estuvo esperando que lo matara con mis manos, mas no quería hacerlo, ¡pobrecito!, tan pequeño y tan verde?

No le puse mente, salí para olvidar un poco, así como mi mente es aleatoria, que todo olvida y todo recuerda a medias.

Antes de salir me lavé los dientes con una pasta de dientes color verde, qué rara era, parecía betún de zapatos ¿Zapatos verdes? - ¡Qué imaginación la mía!-

Al salir me topé con una chica muy linda, tenía ojos verdes y su mirada era tan verde que me sentí volando en un campo verde, con verdes flores y columpios verdes.

¡Qué raro! El día era tan verde, que creí que desde los cielos las cosas se habían puesto de color verde, pareciera que el pintor del universo había equivocado las latas de pintura, hasta me imaginé el planeta de color verde.

Qué verde que estaban las cosas para mí, para terminar me regalaron un aguacate y adivinen qué ¡Estaba verde!

Al volver a casa el animalito estaba merodeando, sentí compasión de él y dejé la ventana abierta, pero el condenado animalito no se iba, zumbaba, zumbaba como que lo escucheé decir: ¡Mátame! con sus alas.

¡Qué bicho tan raro!- dije ? si lo hubiera observado mejor talvez comprendería mejor su razón de existencia. Pero era tan verde y tan ruidoso que molestaba a mi conciencia.

Pasó una vez más a mi lado y ¡Zas! le aventé un periódico verde, dotado de noticias verdes y verdes entrevistas, no lo maté, pero lo escuché zumbar al otro lado de mi casa, dijo mi vecina: -Ayer vi un bicho tan raro, tan pequeño y tan negro, me dio miedo y ¡lo maté! Con lo primero que encontré, desde ese entonces no lo he vuelto a ver, me dio tanta lástima, creo que era el primero de su especie. Para mi vecina era tan negro, para mí era tan verde.

jueves, mayo 04, 2006

El viaje a la luna

Julián era un niño de 7 años que quería viajar a la luna. Siempre la observaba desde la ventana de su cuarto y creía que estando allá arriba se divertiría muchísimo y sería muy feliz. Un día, sus padres compraron un televisor nuevo y botaron una gran caja de cartón a la basura. Julián no lo podía creer, había encontrado su nave espacial. Le dibujó todo un panel de control, idéntico al de una película que vio un par de noches atrás, de unos astronautas que surcaban el espacio. Luego de tener su nave lista, llamó a sus mejores amigos del barrio, un astronauta no podía viajar solo pensó. Carlos, Leo y Pepe se entusiasmaron tanto que fueron a buscar algún disfraz para ponerse, los astronautas tienen trajes especiales pensaron también. Llegada la noche salieron de sus casas y se dirigieron al parque. Julián ya los esperaba ahí con la nave. Era espectacular, una nave de verdad. Se acomodaron y luego de abrocharse los cinturones despegaron. Fue un viaje un poco turbulento pero llegaron sin ningún problema. La luna era fabulosa, mucho más bonita que cuando se la veía desde la Tierra. Se bajaron de la nave y empezaron a jugar a las escondidas. Con todos los cráteres y el terreno desigual, habían un millón de escondites. Luego jugaron a las cogidas y así fueron explorando toda la luna. Pasaron algunas horas hasta que ya se les hizo tarde, pero estaban tan cansados y se habían divertido tanto que no quisieron viajar de vuelta tan pronto, así que se acomodaron cerca de la nave y se quedaron dormidos. Al día siguiente iban a volver a jugar y luego regresarían a la Tierra. El problema fue que nunca regresaron, porque nunca despertaron. Cuando se quedaron dormidos empezó a nevar, amaneciendo sus cuerpos congelados e inertes. Todo el viaje había estado en su imaginación.

miércoles, mayo 03, 2006

Mariposas ilegales

Marcelino nos escribe desde Badalona, España y nos envía este cuento. Gracias Marcelino.

Esta mariposa no tiene carnet. No tiene permiso de Circulación. No tiene pasaporte. Vive en la ilegalidad y no paga impuestos. No ha presentado certificados laborales ni se sabe su nacionalidad. Es muy difícil de retener, se salta las fronteras y los controles policiales. Quemaremos los bosques, pasaremos apisonadoras sobre los prados y las flores. Talaremos los árboles y secaremos las tierras húmedas, contaminaremos los riachuelos y las fuentes...El aire también es un peligro, hay que ensuciarlo y venderlo embotellado ... ( La Caca-Cola ya se lo esta pensando )...Construiremos carreteras para los que pagan el impuesto de circulación, construiremos grandes edificios que sean mas bellos y grandes que los árboles, y subiremos la contribución...Crecerá nuestra economía, podremos tener hipotecas a mas largo plazo y mas baratas... Podremos tener coches mas lujosos y rápidos...Podremos pasar las vacaciones en cualquier parte del mundo y comprar niñas y niños por un céntimo, podremos tener hermosas mujeres, que no tienen ni para comer, nos harán la ropa los chinos que para ellos el sufrimiento es un placer y una realización personal...Y si a alguien ?le molesta?, le enviaremos unos cuantos misiles fabricados con la tecnología mas punta que tenemos... les destruiremos sus raíces y culturas, y a cambio les construiremos hermosas carreteras para que puedan pagar el impuesto de circulación...bellos edificios tan altos que tendrán que abrir las ventanas para que puedan cruzarlos las nubes ? ¿ y si les ponemos un peaje a las nubes ? - .Con los sencillas que son las cosas, ¿para qué queremos mariposas ?...las mariposas se complican mucho la vida, y total solo son gusanos con alas ( ¡ que asco ! ).

lunes, mayo 01, 2006

La suicida

Agarró la pluma, acercó el papel. Con furia comenzó a escribir palabras, a garrapatear oraciones. Sentía rabia, sentía enojo. Quería que ese papel se transformara en ese ser que le había hecho daño, quería agarrarlo con sus manos, aniquilarlo fríamente.
Lágrimas rodaban por el papel, y Dora las apartaba con la mano. El contacto de los dedos con la lágrima conjugados al papel formaba una mancha espantosa sobre lo que había ya escrito. Pero la verdad, poco le importaba ensuciar lo que estaba escribiendo. Nadie nunca lo leería, nadie jamás se enteraría.
En esa carta se despedía del mundo, de él, de ese imbécil que la había traicionado. A sus veinte escasos años, no podía comprender aún que este mundo está hecho de experiencias, de caídas y de errores.
Terminó la carta con un garabato trágico, una firma colosal. Se asomó por la ventana del quinto piso del edificio donde vivía. Siete segundos más tarde, una decena de personas rodeaban su cuerpo inerte, frío y deformado. La periodista de turno comenzaba a elaborar una redacción: "Joven acaba con su vida tirándose de un quinto piso y deja una carta"
Pero su vida estaba terminada mucho antes de escribir la carta.