martes, julio 01, 2014

Brillo Estelar

Siempre es mejor cuando estamos juntas, decía una risueña estrella de mar, mientras sonreía al sol, como si lo estuviera saludando y esperaba a que la siguiente ola la bañara nuevamente.  Un ruidito se comenzaba a hacer más fuerte, mientras el agua se iba acerando a la playa, era la risa de otra estrella de mar que se encontraba al lado, bañada por el sol y por el mar.  Es verdad respondió, siempre es mejor cuando estamos juntas.

A simple vista podría parecer una escena común en cualquier playa, en cualquier parte del mundo, claro, en un mundo donde las estrellas de mar pudieran hablar... Pero estas no eran unas estrellas de mar cualquiera, ni su mundo el mismo mundo en el que vivimos tú y yo.  Eran risueñas, coquetas y traviesas.  Es que estas estrellitas eran hermanas y se parecían tanto, pero tanto que los curiosos vecinos que tenían las solían confundir.

¡Hola Valeina! Decía una lenta gaviota al cruzar frente a una de ellas... A lo que ella respondió con un apresurado: hola, hola... ¿Me puedes ayudar? Casi de un golpe la gaviota trató de parar, pero no era precisamente la más ágil de su parvada, por lo que terminó perdiendo el balance y cayendo en la arena con las patas para arriba, se incorporó de inmediato y tratando de ocultar la vergüenza, se sacudió la arena, alzó la cabeza, sacó pecho y dijo: ¿En qué te puedo ayudar estrellita?

¿Hola Plumitas, has visto a mi hermana? ¡Nunca nos separamos, y hoy... ¡Hoy no he podido encontrarla! ¡Mi estrellita se ha perdido!  La gaviota tan sólo movía la cabeza de izquierda a derecha mientras abría un poco más los ojos, no la he visto respondió, pero puedo volar y dar vueltas por la playa para buscarla por ti!

La joven gaviota era torpe, lenta y apenas si veía lo que estaba a centímetros de su pico, pero tenía un gran corazón, por ello le gustaba ayudar y más cuando tenía que ver con las estrellitas hermanas que siempre le sonreían.

Nani, nuestra estrellita perdida, durante las noches veía el cielo y entre las nubes encontraba las  estrellas más brillantes y pensaba, yo quiero brillar como ellas.  Y es que nuestras estrellitas, a pesar de ser parecidas, se diferenciaban porque mientras una se pasaba dibujando en la arena, utilizaba las hojitas de los árboles para pintar de verde, los frutos que caían de los árboles para pintar de rojo y amarillo y el polvo de los caracoles para darle brillo a todo, la otra aprendía cómo ayudarle a los delfines que se lastimaban en las redes de los pescadores, sanar las heridas de las viejas tortugas y con hojas de los árboles vendar las alas rotas de algunas aves, en especial a Plumitas por su torpeza.

Volviendo a nuestra búsqueda, Valeina y su amiga Plumitas recorrían la playa buscando a Nani, comenzando ya a perder la esperanza dieron vueltas y más vueltas sin cesar, hasta que Plumitas decidió volar un poco más alto, ponerse sus anteojos hechos con ramitas y parte de un coco y tratar de ver desde arriba.  Y en lo alto de un árbol la encontró, enrojecida por el sol, pero llena de brillantes colores.

Se acercó lo más rápido que pudo y la bajó agarrándola con sus patas, Valeina estaba asustada y corrió a verla: ¿Nani, qué pasó?  A lo que ella sólo respondió: ¿Me viste? Lo pude hacer, brillé como las estrellas del cielo. ¡Brillé para ti!  No sabía si reír o llorar, seguía asustada, pero feliz de que esté bien y sin saber como reaccionar ante su locura.  Tan sólo se acercó hasta que Nani cayó dormida y la cubrió con hojas húmedas para refrescarla.

Nani despertó al día siguiente, y lo primero que vio fue a Valeina recogiendo polvo de caracoles de todos los colores, y cada tanto se lo ponía en alguna parte de su cuerpo con mucha delicadeza.  ¿Qué haces preguntó?  -- ¡Nunca más volveremos a estar separadas!  Voy a brillar contigo y nos vamos a ir juntas a donde sea.  La otra estrellita sólo sonrió y la siguió observando con atención.

Muchas aventuras pasaron entre esas dos estrellitas de mar, conocieron muchos amigos, recorrieron el mundo mostrando su brillo y haciendo sonreír a más de uno... Alguna de esas historias algún día conoceremos, si son pacientes y están dispuestos a escucharlas ¿Dónde están ahora?  Eso amigos, es algo que deberán averigüarlo, pero si alguna vez las quieren ver, tan sólo miren al cielo en la noche, en una playa o en la montaña y pronto verán a un par de estrellitas muy brillantes y con el destello de muchos colores, si el verlas los hace sonreír, pueden estar seguros que las hermanitas con brillo estelar.

viernes, enero 06, 2012

Reacción química

El ventilador era lo único que me mantenía cuerdo ante tanto calor, estaba prácticamente pegado a la cama, a pesar de que una pequeña voz gritaba en mi cabeza diciendo: muévete!

Salí de la cama, me bañé, desayuné lo que pude y arranqué pa' la calle.  Nada fuera de lo cotidiano, casi tan aburrido como el día anterior y el anterior al anterior, y el anterior del anterior, y así sucesivamente.  La verdad es que la vida se había convertido en una rutina por demás aburrida.

Llegué al laboratorio donde trabajaba desde hacía ya algunos meses, papá soñaba con verme en una de esas grandes cadenas farmacéuticas, pero preferí más la vida bohemia, viajar, conocer, bailar y fumar un porro una vez por mes... Al final cuando quise conseguir un trabajo, fue lo más cercano que encontré... Y simplemente, me hice a la idea.

El lugar no era malo, el trabajo sencillo, buena paga y hasta tenía el chance de salir temprano si no había mucho que analizar.

Pero aquél día hubo algo nuevo, una nueva compañera de trabajo y para colmo de males, la pusieron a mi cargo para que la entrenara, algo que detestaba.  Prefiriendo siempre la paz de mis días, tener a cargo a quien seguramente habría sido alguna recién graduada que cree que se puede comer al mundo y que este es apenas un trabajo de paso, vaya idiotez...

En fin, tampoco pude decir que no, luego del primer insulto que salió de la boca de mi jefe, claro está.  Tomé mis implementos y fui a mi área, a ver con qué me toparía.  En el camino pensaba en mil formas de hacer que se arrepintiera de tomar el trabajo, luego pensaba en que debía fumar un tabaco o inclusive me puse a pensar en el viaje a la playa de la siguiente semana.

Cuando al fin estuve en mi puesto todo lo que tenía en mi cabeza se transformó en una sola idea: "qué mujer!"  A pesar de llevar un jean se podía ver con facilidad la forma de su cuerpo y de remate una cara que no sólo era hermosa, sino que a la vez gritaba "sé lo que quiero y no eres tú".

Luego de dejar que mis hormonas volvieran a su lugar y pudiera poner cara de hombre serio, me presenté y comencé a dar la explicación, dónde se guardan los implementos, a qué hora entramos, a qué hora salimos, a quién consultar para conseguir ciertos implementos, como llevar el inventario de los reactivos, en fin, lo regular.  O al menos eso es lo que espero que ella haya escuchado, porque en mi cabeza luego de cada cosa que le decía pensaba: será que tiene novio, estaré bien peinado, me lavé los dientes?, se ríe de mi o del uniforme?

Así pasó el día entre ir y venir de explicaciones, de la forma más sorpresiva, justo antes de salir me dijo, te animas a ir por un par de cervezas al salir del trabajo?  Casi la grafiqué en el registro civil casándose conmigo, es guapa, es inteligente y de paso me invita a tomar cerveza.

Fuimos a mi bar preferido, aquél que queda cerca de casa y ponen jazz toda la noche, nunca está vacío, pero tampoco revienta, así que se convierte en un buen punto de encuentro, nuevamente me hizo caer al piso, entramos y apenas escuchó la música dijo: eso es John Coltrane, no?  Me sentía cada vez más ilusionado, y apenas si sabía su nombre y que ese día había comenzado a trabajar conmigo.

Nos sentamos en una pequeña mesa, hablamos y hablamos por horas, reíamos, discutíamos sobre música, las cervezas iban y venían, al final, terminamos en mi departamento enrollados en las sábanas.  Tres meses después se había mudado a mi casa y nuestra mayor actividad era pasar en la cama, bastante atareados.

Todo parecía que iba a ser de lo mejor, ella no creía en el matrimonio, así que simplemente vivíamos juntos y éramos lo que parecía una pareja feliz.  Tres años después estaba hablando con uno de mis viejos amigos, contándole que no entendía como una relación perfecta de repente se acabó y nos pasábamos peleando, gritando y casi sin poder permanecer en el mismo lugar.

Al final recordé de forma borrosa mis clases de química y algo brincó a mi cabeza con respecto a la química entre nosotros... Las reacciones se disocian, reversan o alteran! No son una garantía!

lunes, abril 04, 2011

Réplica silenciosa...

Tip, tip, tap.. Tip, tip, tap... El golpeteo constante recordaba el sonido de un ciempiés con zapatos de tacón, si es que un ciempiés se decidía a usar zapatos algún día...

Una diminuta figura se movía constantemente, dejando un hilo blanco y ondulado como rastro por donde pasaba, en su mano izquierda un tic tac sonaba cadenciosamente mientras la acompañaba, en su derecha un pucho, restos aún incandescentes que se negaba a soltar, un ligero aroma quedaba detrás... Una mezcla de almizcle, alcohol, nicotina y una pizca de café envuelto entre un dulce olor...

Pasa el tiempo y el movimiento se vuelve más pausado, menos errático, cada vez más lento, hasta llegar a simplemente a buscar un espacio para sentarse, un rayo de luz se escapa por la ventana y le ilumina el rostro, una mezcla entre miel y chocolate con un marco de color rojizo que no lograba ocultar el destello de unos pequeños ojos almendrados.  Se percata de que está siendo observada, un leve mordisco en el labio y mira hacia otro lugar.

Un poco más cerca se podía ver una libreta llena de apuntes que por momentos parecía críptica, otras se veía como si estuviera llena de dibujos y pequeñas frases, por momentos se lo mostraba a quienes deambulaban por el lugar, otros ratos lo pegaba a su pecho y no dejaba que nadie lo viera, pero siempre estaba junto a ella.

La sombra de un árbol asemeja una fotografía a través de la mampara de madera más cercana, mira a través de ella y vuelve a anotar algo, esta vez con un color de tinta diferente, algo más brillante, de un color mucho más intenso.

La luz se va ocultando de a poco en el lugar, cada vez menos pasos y la temperatura va cambiando, ella da una última mirada como si buscara algo, arranca un pedazo de papel de su libreta, escribe un par de palabras rápidamente, deja el fragmento donde estaba, recoge todo y se marcha.

El papel cae y queda al descubierto su contenido, una simple frase: "Ya no".

jueves, agosto 26, 2010

From me to you...

Dear Prudence, imagine our dear Lucy in the sky with diamonds.
Maybe she had a Hard day´s night or a devil in her heart
and needs a little help from my friends, a little rhyme,
a shot of rhythm and blues, a taste of honey,
a travel across the universe.

Act naturally please... Isn’t she sweet.
All I´ve got to do is give her all my loving,
and don´t ask me why!

Because... you can´t buy my love...
Baby, you can drive my car, but don´t pass me by,
I just beg you... Don´t let me down.

Whenever you think of me, you'll remember:
here comes the sun, and you'll feel fire in your heart..

I got a woman and when I saw her standing there,
I want to hold her hand, so...

Good day sunshine, from me to you, bye
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Por: Erika Aspiazu
Inspirado por: The Beatles

lunes, junio 28, 2010

La moneda más bonita

- ¿Qué estás haciendo?

Vero estaba hurgando en su monedero. Sacaba monedas, las observaba, las limpiaba y dejaba a un lado.

- Oye, ¿no me escuchaste?
- No, esta no me gusta -susurraba para sí Vero- mmm... esta está vieja. No, no, esta tampoco.

Vero abrió el cajón, sacó una cajita de madera y una pequeña llave, giró la cerradura a la izquierda y abrió la alcancía. Corrió a la cama y regó todas las monedas sobre la sábana turquesa.

- Ven, ayúdame a separar las monedas.
- ¿Para qué? No entiendo lo que estás haciendo.
- Necesito ver todas las monedas de 10 centavos que tengo.

Empezó a sacar las moneditas de 1 centavo, habían bastantes. Algunas de 25 y un par de euros que le había regalado su hermano.

- No, ninguna me sirve.

Volvió a meter todas las monedas en la alcancía, la cerró con llave, agarró su bolso y salió del cuarto.

- ¿A dónde vas?
- A la tienda - gritó Vero- necesito encontrar la moneda más bonita de 10 centavos.

sábado, junio 12, 2010

La verdad...

Cerrar los ojos y no ver más que la intensidad de nuestros sueños, colores, olores que arrancan deseos de nuestras mentes...  Recuerdos que se filtran por cada hendidura, cubriendo nuestra piel centímetro a centímetro...

Respiro y siento su olor, mis manos tocan la última colilla y en lo único que puedo pensar es en su piel cálida, pero a la vez sé que lentamente me mata, me consume, con cada respiro, con cada movimiento ahogado.

Los sonidos aún retumban en mi cabeza, placenteros aunque desesperados, casi suplicando un segundo de atención.

El golpeteo de las gotas contra el borde del lavamanos me hace recordar que no estoy en casa, diablos, ni siquiera es una habitación.

Cómo me dejé llevar si apenas hace unos días repetía en mi cabeza que no me acercaría a nadie más...

¿Pero cómo poder evitarlo? Si tan sólo sentir su aroma, los movimientos cadenciosos al bailar y esa rudeza al tocarme hizo olvidar cualquier promesa...

Ahora estoy aquí, siendo atacado por imágenes, olores, recuerdos, fragmentos de algo que no sé si es verdad o es simplemente un truco de mi imaginación, sin ganas de pensar, sólo desconectarme del mundo y saber que mi verdad es mi realidad...

jueves, diciembre 24, 2009

La leyenda de la princesa mona

Cuenta la historia que tiempo atrás nació una princesa, oculta en un rincón del planeta cubierto de espesa selva, con flores de muchos colores, ríos de un azul interminable y mares que parecían sonrerír con cada ola.

Su padre un mono muy especial, llamaba la atención de toda la selva pues no sólo era sabio, tenía también unos profundos ojos azules, poco común para un mono de obscuro cabello, por ello lo buscaban siempre en busca de consejo, era el rey aquella selva.  Reconocido y querido por todos los macacos de la región.

El día que se enteró que iba a ser padre, se trepó a lo más alto del árbol más grande de la selva; aulló, corrió y saltó de felicidad hasta no poder más, los animales de la selva no entendían que pasaba, unos reían y creían loco finalmente se había vuelto.

Llegado el día del nacimiento la selva parecía un arcoiris, animales de todos los colores estaban allí, los tapires todos en fila esperando a que saliera el rey con su retoño entre brazos, un receloso jaguar miraba todo a lo lejos en una rama, las serpientes cuchicheaban sin parar y las garzas bailaban y daban vueltas sin cesar.

Finalmente apareció el rey con su princesa en brazos, una pequeña monita de ojos saltones, con una cabeza tan pequeña y redonda que parecía que tuviera un diminuto casco de soldado protegiéndola.  Mamá y papá estaban tan monos como se podía esperar de una familia de monos, al fin tenían a su princesa en el hogar.

Poco tiempo pasó antes de que la pequeña princesa mona comenzara a brincar sin cesar, yendo de rama en rama, volviendo locos a todos los animales de la selva, mientras corría se aprendía los nombres de cada árbol y animal a su paso, volviendo siempre al final al regazo del rey poniendo una inocente cara, como queriendo decir, yo no fui.

Siguió su carrera contra el tiempo entre frondosos árboles, y digo contra el tiempo pues siempre le parecía que el día no era suficiente para todo lo que quería hacer, pasó adornando la cabeza de los incautos tapires, escondiéndole las bufandas a los búhos en el invierno y dándole más de un susto a los lentos perezosos.  Inquieta y risueña, era querida por todos a pesar de sus travesuras, además de ser siempre atenta cuando la necesitaban.

Llegó sin embargo el día en el que debió aprender a vivir fuera de aquel reino, lejos del árbol familiar que la cobijó, despedirse de los ojos profundos y azules del rey mono y escuchar por última vez un regaño de mamá mona, era el momento de escribir su propia historia, crear su propio reino y buscar su propio árbol familiar.

Este no es el final de la historia, pues la princesa mona en su camino muchas aventuras encontró, pero aún no es el momento para contarlo, ni yo soy el narrador para hacerlo, esperaremos atentos al regreso de la princesa mona y sus cuentos.

jueves, julio 23, 2009

Ella...

El maquillaje fuerte la hacía resaltar entre las demás,
la noche le daba la bienvenida a su reino,
aquel de las ilusiones de minutos.

El rubor no oculta el paso del tiempo que no perdona,
son muchos amaneceres con el viento en el rostro,
esperando no regresar a casa con las manos vacías.

El sol se asoma diciendo que es hora de volver,
volver a seguir con la rutina,
a dormir mientras los demás apenas despiertan...

martes, julio 21, 2009

Tentación...

Lo observaba con detenimiento,
mesurando cada milímetro de su figura,
de cuando en cuando daba un par de golpecitos a la mesa,
lo volvía a mirar pensando si debía hacerlo...

Poco a poco acercó su mano acortando la distancia,
recordando paso a paso lo que podría suceder,
pero las ganas no se podían contener,
debía tocarlo, sentir su contorno, cada recodo de su figura.

Una vez cerca la emoción no pudo reprimir,
lo apretó entre sus manos, lo desnudó lentamente,
aspiró muy fuerte cuando lo tuvo cerca... y lo mordió...
era el mejor chocolate que había probado en mucho tiempo...

jueves, julio 02, 2009

El último vuelo de Ícaro

Mientras escapaban del laberinto del Minotauro, Dédalo vio a su único hijo morir por su inexperiencia y dejarse deslumbrar por la majestuosidad del vuelo. O al menos eso pensó...

Ícaro perdió sus alas al acercarse demasiado al sol, quería ser libre como un ave, no pudo evitar la tentación de experimentar la cercanía a ellas, sentir el aire golpeando su rostro mientras avanzaba, aspirar profundamente mientras el aire lo rodeaba, como si lo acariciara para acogerlo en su seno, pero ese momento de gloria duraría poco, sus alas se debilitaron y se precitió al mar.

Su padre voló en círculos muchas ocasiones el triste lugar donde sólo se veían unas alas destrozadas, siguió sin suerte hasta perder las esperanzas y marcharse. Ícaro se hundió lentamente, inconsciente y debilitado se dejó tragar por el mar, esta vez el paisaje era diferente, peces y monstruos marinos lo rodeaban, moviéndose rápido algunos y contando sus movimientos otros... A pesar de que sabía que era su fin se sentía a gusto, no había tenido experiencia semejante durante su corta vida, era inexplicable... Tan sólo se dejó llevar hasta perder el conocimiento...

Pensando todo perdido y sin saber como sucedió, Ícaro despertó en una playa de arena brillante y solitaria... Lentamente se incorporó, no sabía qué había pasado, ni dónde estaba... Pensó por un rato tratando de encontrar respuestas en su cabeza, pero lo único que atinó a hacer fue que no se podría quedar allí por mucho tiempo sin que lo atrapara la noche, los animales saldrían y se volvería un lugar peligroso...

A medida que se alejaba de la playa buscando un camino se encontró con extrañas figuras, árboles frondosos e intimidantes, pequeños animales que corrían al verlo, plantas que parecía que lo observaban y susurraban entre ellas mientras él pasaba... Pero su mente poca importancia le daba a aquello, el único pensamiento que se mantenía en su cabeza era el de su vuelo, seguía recordando la sensación del contacto de su piel con el viento, por un momento se sintió casi un Dios...

Sobrevivió a intrincadas rutas, pasó hambre, se alimentó de lo que otras ocasiones hubiera considerado como incomible o comida para animales apenas... Sin percatarse pasó un año esquivando peligros, sin encontrar un horizonte que lo hiciera pensar que había una salida...

Al fin un día encontró una gruta que lo llevó hacia un camino de luz, sería su encuentro con la libertad! Tristemente lo que encontró fue apenas la salida hacia la punta de un acantilado, escalando un poco más pensó en que podría ver el camino que había seguido y poder hallar una salida... La respuesta fue desoladora, para donde viera sólo existían bosques obscuros rodeados por mar, estaba encerrado en una isla de ilusiones, donde todo lo que parecía cierto tenía que dudarse, un lugar donde lo único que encontraría sería siempre bestias salvajes y serpientes hambrientas dispuestas a engañarlo para que cayera en sus garras...

Tan sólo comenzó a reír, entendió que todo era una broma del destino... Dio media vuelta y echó a correr hacia el acantilado... Sería libre una vez más... Saltó hacia el vacío, con las alas que habían crecido en su corazón... Voló sin miedo, sin limitaciones... Dejó atrás lo que lo ataba a este mundo...

martes, febrero 24, 2009

Sentir

Nacen ideas y en segundos mueren. Mueren y después vuelven en diferente forma,
nos envuelven hasta al punto exacto donde nadie las comprende.

Creo en muchas cosas que a la vez son nada,
nada comparado a la emoción de sentir el viento en la cara
que seria del hombre si no sintiera nada.


Sentimientos que nacen de una fuente desconocida sugerida como pensamiento,
pensamientos frágiles que en ocasiones se los lleva el viento.

Juzgar a nadie no tiene sentido, cada cual es responsable de sus líos
Quizá un día se logre entender que ser libre no es correr por doquier
sino vivir tranquilo y sin correr.

El alma gemela no existe, pero si los complementos
Que tan completo esta tu espíritu si no sonríes con la cara al viento.
El amor es un deseo, deseo que se lleva dentro,
deseo de ser aquél complemento de quien esta incompleto.

No hay prueba sobre la tierra que indique cual es el clímax del amor,
pero las sonrisas prueban que el amor no acabó.

Siento que amo, me siento amado, siento el viento en mi rostro
pienso y siento y creo que el amor no a terminado.


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Escrito por mi hermano: Emilio Campaña Naranjo (Chef, Músico, Amigo y Hermano)

lunes, febrero 16, 2009

¡Eres Tú!

Suave y dulce como una cereza madura, dejas el recuerdo de tus movimientos lentos y tus ganas de atacar... Como olvidar tus labios Gabriela...

Cómo olvidar tu aroma, tus caricias alocadas y tu mirada asesina... Tenerte era como enfrentarse a una marejada de color marfil... Irremplazable Beatriz...

Tu indómita fuerza mezclada con tu sonrisa infantil me idiotizaba al tan sólo sentirte cerca, haciendo que seas la única, la que nunca podré cambiar... Nadie como tú Verónica...

La forma en la que mordías tus labios como evocando lo que estaría por venir, aún cuando siempre decías que era tan sólo un gesto que solías hacer... Me enloqueces Analía..

Tu respiración entrecortada, tus sonidos, tu calor, nada era igual después de escucharte, de sentir como subía la temperatura cuando ponías un dedo sobre mi cuerpo... Exquisita Malena...

Es que eres tú la única, la que no pasa, la que no se deja atrás, la que me sigue en esta vida y la otra... Con distintos rostros, acentos, colores y olores, pero sé que siempre eres tú, la que me acompaña a lo largo de este viaje atemporal... ¿O quizá tan sólo soy yo quien trata de encontrarte en cada mujer?

¿Y si no eres tú? Te seguiré buscando entre cada olor y recuerdo que pasa frente a mi... Tratando de encontrar esa esencia que nos convierte en algo que no se puede perder sin importar el tiempo...

lunes, octubre 22, 2007

Evadiendo la realidad

Cierro los ojos.
Vuelo por el espacio sideral con mis alas de cristal,
esquivando adversidades, desobviando la realidad,
evito caricias, besos que no quiero,
me alejo del mundo,
yo ya no lo quiero..

miércoles, marzo 14, 2007

Estaba soñando. Eso lo sabía porque algo dentro de ella le gritaba que todo lo que veía a su alrededor no podía ser cierto. Era ella y se podía contemplar al mismo tiempo. Y las cosas que le sucedían era lo que siempre había querido que pasase en su vida. Era ella y le gritaba a sus padres, les decía todo lo que había querido decirles toda su vida!

O era ella y era abrazada por misteriosos seres que la iniciaban en un mundo de sombras.

Y que feliz era mientras dormía!

Una noche llegó a su cama, contenta por otro sueño más que tendría. Por ocho horas sería completamente feliz, entregada en los fuertes y viriles brazos de Morfeo; podría volar si quisiera, cambiar el color de su cabello y el sabor de su vida. Podría besar otros labios sin que la acusen de pecado.

Esa noche trató de cerrar los ojos, fue inútil, y en ese momento aborreció su vida, la del día, la que tenía que ser quien era, y no podía cambiar nada. Quiso obligarse a dormir, pero cómo?

Estaba furiosa.

Agarró un fino y peligroso estilete y comenzó a dibujar líneas que iban abriendose paso por su piel. Sus brazos sangraban, y aquello dolía, pero con el dolor se iba sintiendo cada vez más débil, más indefensa. Hasta que quiso gritar, pero su garganta estaba llena de sangre.

Esa noche no volvió a soñar. Su apuro fue en vano.

miércoles, febrero 21, 2007

Lais Roma Dero

Apareciste en mi vida, esa mañana de febrero, en la que preguntabas por unas personas y no sabías que detras de aquellas gafas rosadas, mis ojos te contemplaban de pies a cabeza, admirando cada detalle de tu cuerpo.

Esculpido perfectamente al vaivén de las olas, de las rocas, de aquel aire salino y limpio, tus brazos fuertes y duros me dejaron sin aliento. Tu cabello negro, petreo y liso me hizo desear pasar mis manos, acariciarlo.

Apareciste unos segundos, pero quise estrecharte en mis brazos, perderte en tu boca, contemplar tu cuerpo desnudo.

Y en el lleva y trae del día pude acercarme a ti, abordarte de la manera mas felina posible. Y mientras hablabas, podía pretender que acariciabas mis orejas con tus palabras y que tus ojos me desnudaban, me arrancaban la ropa a pedazos.
Esa noche que apareciste en mi vida, soñé contigo, apenas sabía tu nombre, pero tu imagen ocupaba mi mente.

Al día siguiente de que apareciste por esa puerta, yo me acerqué a ti, tímidamente pregunté si podía estar contigo.

Contigo y con más personas a tu cargo...

Aquel día fue inmemorable. Dentro de mi cabeza almacené todo lo que dijiste, mientras movías los labios, dejaba que acariciaras lentamente mis oídos...

Admiraba la pasión con la que hablabas sobre la tierra en la que habías nacido, tu orgullo implecable y tu manera de ser, tan desenvuelta y extrovertida.

Aquel día, timidamente, me quité la ropa, tratando de no ser tan obvia. Descubriste en mi un cuerpo que no era perfecto, cubierto por un traje de baño que dejaba ver el nacimiento de mis senos y mis caderas descubiertas.

Ese dia, echando uso a una artimaña de mujer, logré que agarraras mi mano, que te acercaras a mi. Y yo que queria meter mi lengua entre tus dientes, tuve que reprimirme, mujer que soporta sabiamente el momento y que sabe que lo que tiene que pasar, pasará.

Y fue esa tarde, al día siguiente que apareciste por mi vida, que me dijiste que sería una buena idea vernos por la noche. El plan era sencillo, ingenuo, una caminata y una conversacion. Pero los dos sabiamos que no tendriamos tiempo, que yo me iría al día siguiente y que muy probablemente no volveríamos a vernos.

Por eso me llevaste a tu casa, en la oscuridad me enseñaste el arbol que protegía tus sueños, cuyas flores rojas acariciaban tu rostro. Esa noche me besaste, me abrazaste y me llevaste a tu cuarto. Y en mi cabeza, todas aquellas ideas de protección y inseguridad se disiparon en cuanto me quitaste la ropa, casi violentamente.

Y aún en la oscuridad pude sentir esos brazos que me habian dejado boquiabierta, esa boca que tanto habia querido besar, que ahora me mordía los labios y me chupaba los senos, ese cuerpo que tanto habia deseado me hizo suspirar y gemir y querer arañar las paredes por la pasión que estaba siendo consumido ferozmente por tu cuerpo y el mío. Y entre dientes me dijiste que me habías contemplado y que habías deseado estrecharme entre tus brazos y que no habías encontrado la excusa perfecta para hacerlo. Y mientras sonreía, tus violentas embestidas me hacian hervir de fiebre, mientras mis orgasmos me ahogaban...

Deseaba que ese momento durara para siempre pero sabía que tenía que irme. Por un momento quise quedarme allí, en ese cuarto, en esa cama, eternamente, ser tu mujer, ser tu hembra para siempre, echar raíces contigo...pero sabía que lo que fácil comienza, fácil termina.
Y al día siguiente nos acompañaste al aeropuerto. Tratando de que nadie nos viera, tomaste mi rostro con tus fuertes manos y me diste el último beso. Tuve que reprimir mis lágrimas, tuve que tragarme el dolor que sentía en mi pecho, que me carcomía, me calcinaba y subirme en ese avión, que terminaba de tajo una historia rápida, intensa y sin explicaciones.
Y aquel lugar mágico ahora tiene un nombre, un rostro y un árbol rojo que nunca pude observar. Ese recuerdo es el que me hace querer volver.
(El titulo es un anagrama de su nombre. Este post lo escribo en silencio, sumida en una profunda depresión que corroe mis entrañas. Y esperando que algun dia, la persona a la que va dedicado este post, pueda leerlo)

martes, enero 30, 2007

Volar

Flotando suavemente sobre un cielo cubierto de nubes, sonríe, alza un poco más el vuelo y baja lentamente para ver la figura montaña cubierta por verdes pastos, grandes sembríos cubren la zona, la vista es fascinante, animales y flores por doquier es imposible creer que todo estaba ahí tan cerca y que no fuera posible darse cuenta de su belleza.

¡A trabajar imbécil! Un grito manda al piso la belleza de aquél momento, es necesario volver a las tareas, a seguir partiéndose el lomo en el trabajo. No era más que uno de los momentos en los que Ángel podía ser libre de verdad. Agobiado por su trabajo, con sus sueños de grandeza olvidados y apilados en una esquina de su habitación, no le quedaba más que escapar de la realidad apenas pudiese.

Los días pasaban sin poder escapar de aquél lugar, alguna vez soñó que llegaría a recorrer el mundo tan sólo preocupándose de cual sería el siguiente destino, pero cada nueva empresa que él consideraba sería su camino hacia el éxito terminaba siendo nada más que una mofa para su familia y amigos. Al final del camino había optado por tomar aquél sucio trabajo en la empresa de su primo vigilando que nadie se robara la mercadería de sus bodegas, al menos así podría callar a su familia y no morir de hambre mientras pensaba en su siguiente hazaña.

Su única esperanza, o más bien, su único consuelo era ella. La niña que desde su época colegial
lo había hecho creer en la existencia del verdadero amor. Daniela era una jovencita que a cualquiera ponía a suspirar, en especial entre los chicos del barrio, cuando lo aceptó como su novio la emoción no cabía en su pecho. No llevaban ni siquiera un par de semanas como novios y él ya soñaba con la casa donde vivirían, los hijos que tendrían, inclusive sabía cómo se llamaría su perro labrador, aquél que tanto quería su hijo Julián, el menor.

El criminal que habita entre los hombres, aquél que nos roba todo lo que puede y oculta todo lo que se le cruce por delante volvió a atacar... El tiempo... Pasaron años y seguía clavado a ese fétido lugar, cada día que pasaba le parecía más difícil de soportar. Y lo peor es que, la dichosa idea que lo sacaría de allí, no llegaba, ni siquiera se anunciaba.

Un buen día Daniela se le acercó y dijo una frase que haría las veces de un afilado cuchillo cruzando desde un costado hacia el otro del cuello. ¡Terminamos! No puedo seguir esperándote, no puedo vivir de ilusiones y de un gran hombre que nunca llega a ser.

Cada palabra dicha por ella iba aniquilando a sus hijos, al perro, la casa, todo...

Finalmente lo pudo ver, había estado allí durante todo el tiempo, la respuesta a sus preguntas... Volvió una vez más a volar, esta vez tomó mucha más fuerza y comenzó a recorrer cada segmento que antes había olvidado, la casa de sus amigos, la escuela donde estudió, no quedó recodo sin visitar. Era impresionante ver todo aquello a esa distancia.

Siguió recorriendo la ciudad hasta que se aburrió, volvió a ver una última vez el lugar donde le dio el primer beso a su amada y finalmente emprendió la partida, al fin sus anhelos no conocerían límites, era libre de una vez por todas.

¡Extraaaaa, extraaaaaa! Vociferaba un pequeñín en las calles mientras trataba de vender los últimos diarios que le quedaban. Un señor se acerca y le pregunta, ¿qué hay de nuevo que deba saber? Un joven se lanzó de un edificio a mitad de la noche, lo encontraron esta mañana respondió el chiquillo. ¡Bah! Algún infeliz sin futuro probablemente, prefiero ver la sección de deportes.

domingo, octubre 01, 2006

Despedida

Clara escribió una nota sobre la mesa.
Usaba su lapiz de labios como crayón.

"Siempre te he querido, siempre te querré"

Y era verdad. Siempre lo quiso, desde el momento que lo conoció.
Ella quedó atrapada en medio de su piel blanca y sus labios finos.

Y ahora, tanto tiempo después, viendo que la vida con él y sin él era un infierno, tomaba una solución definitiva.

Como le dolía irse sin despedirse. Pero en el caso de ellos, era tan común.

Agarró sus cosas y se fue.

Y detrás dejó el cadáver de aquel que había sido su amante tantos años, mientras un charco de sangre avanzaba lentamente por la puerta....

domingo, septiembre 10, 2006

Traición

Nacho nos ha colaborado con un cuento de conflicto interno. Disculpa la demora Nacho, gracias.


El cigarro terminó de consumirse sobre la mesa. La ceniza parecía congelada sobre el filtro de taco corto. Guerrero casi terminaba su vaso de cerveza cuando una figura aparecía por la puerta. El sonido de las campanas en la puerta por sobre el constante murmullo y risas que había en el bar le advirtió de la nueva presencia. Guerrero giró levemente su cabeza para ver quién era. No era más que Nora la mesera del turno nocturno que nuevamente llegaba tarde. Volviéndose rápidamente a su posición inicial, Guerrero sacó otro cigarro de su bolsillo derecho y pidió otra cerveza, con algo de decepción. Él y Nora habían tenido un amorío en el pasado. Nada serio decía él, por suerte alcanzó a terminar todo antes que su mujer lo descubriera. Es que eran tiempos difíciles en el trabajo y casi no pasaba tiempo en casa, se justificaba. Nora lo miró he hizo un gesto de cortesía, aunque en verdad lo odiaba y amaba a la vez. Guerrero había llegado en un momento en el que necesitaba a alguien. El hecho que la dejara simplemente le destrozó el corazón. Luego entró a la cocina y salió a los pocos minutos con su delantal a atender a las mesas de la parte trasera.

Guerrero siguió sentado ahí en la barra, con su abrigo largo estilo detective. El gorro sobre la mesa hacía juego perfecto con la imagen de ganster que se suelen ver en las películas. De pronto, ya en su segundo vaso recordó por qué estaba ahí. Y comenzó a cuestionarse si lo que estaba por hacer era lo que realmente quería. Estaba algo confundido. ¡Cómo fue capaz de hacerlo!, se preguntaba entre dientes mientras se llevaba el vaso a la boca. ¡Maldita Perra infeliz!, hace dos semanas que se había enterado de la evidente aventura de su mujer con su patrón. De hecho, corroboró sus sospechas al volver de desprovisto a casa luego que haya olvidado su billetera sobre la mesa de la cocina. Al volver los escuchó cómo jadeaban sin el más mínimo pudor, la chaqueta siempre impecable de su patrón evidenció su presencia. No quiso hacer nada, en verdad no supo que hacer. Salió corriendo desesperado y lleno de rabia. No volvió a trabajar ese día ni al siguiente. Al volver por la tarde, su mujer lo recibió con la cena de costumbre y contándole ingenuamente qué había hecho en su día. Él la miraba mientras hablaba de todo lo que supuestamente había hecho ese día. El sonido de los latidos y el sin fin de maldiciones no lo dejaban escucharla. ¡Claro que estaba contenta, la maldita, si sólo se acostaba con mi jefe todas las putas mañanas!, pensaba mientras aspiraba su pucho con desesperación e impotencia.

Era lo correcto. Ella debía pagar por el daño que le había causado. Razón encontraba ahora por qué su jefe nunca le ofreció algún ascenso luego de haber trabajado 10 años en la empresa. Era obvio, no le convenía que tuviese más tiempo y mejor sueldo para dedicárselos a su esposa. Ese imbécil, me las va a pagar. Cómo es posible que me lo haya hecho a mí, que le he dedicado mi vida y mi sudor. Ya verán lo que les tengo preparado. Terminó de consumirse el cigarro cuando nuevamente las campanas dieron la bienvenida al nuevo cliente. Guerrero ya sin duda se gira para ver si aquel misterioso hombre que le habían recomendado para el trabajo, llegaba por fin. Nuevamente no era nadie, sólo el viejo Antonio que llegaba como de costumbre a gastarse los pesos que había ganado en la limosna de la tarde, éste lo saludó simpáticamente ya que Guerrero era uno de los pocos quien le daba algo de dinero. Guerrero lo saluda cínicamente y desconcertado se vuelve a sí mismo. Tenía ganas de conocer pronto a ese tal hombre misterioso. Navarrete. Un hombre en los sectores bajos de la ciudad se lo había recomendado. Él sabía hacer bien su trabajo, siempre limpio y rápido, decía el cantinero de aquél antro donde pasó la tarde de ese día infernal.

Ordenando su tercer vaso de cerveza, Guerrero vuelve a sus pensamientos. De todas maneras él había sido igualmente infiel. ¡Cuanto amaba a su mujer! Según él, si hubiera podido evitar lo ocurrido con Nora lo hubiera hecho. Pero no fue así. El efecto sedante ya comenzaba a afectar su carácter. Claro, él era un tipo que no acostumbraba a beber durante los días laborales, ni tampoco era muy parrandero por los fines de semana. Simplemente dejó de ser aquel hombre joven que alguna vez fue. Eso le pesaba, y mucho. Y quizás sea mi culpa que Vanesa me hubiera hecho esto, se decía. A fin de cuentas nunca tuve una riqueza inmensa ni soy muy agraciado físicamente. Por lo que lo nuestro tiene que haber empezado por amor, verdadero amor. Su cara comenzaba a cambiar poco a poco. Una extraña sensación de desconcierto. Esto no es lo que yo quiero. Yo la amo, y la quiero de vuelta. Matarla no me dará su amor de vuelta ni matarlo a él me regresará mi orgullo. Mi orgullo y mi hombría lo perdí el día que me metí con la loca de Nora. Esa aventura no podía destruir mi matrimonio ni tampoco lo hará esta. ¡Tengo que recuperarla!, ¡La amo!!La amo!.

Nuevamente las campanas sonaron. Ésta vez un hombre bajo, robusto y con sombrero chato. Era él, la descripción era la misma a la que aquel cantinero le había dado. Debía decirle que era todo una falsa alarma, que sentía haberlo hecho venir, lo invitaría a un trago y luego recomenzaría su vida. Estaba decidido. Tomó su gorro que estaba sobre la mesa. Dejó el dinero a un lado de su vaso, luego de terminarlo con un gran sorbo. Se puso de pie dispuesto a dirigirse hacía aquel hombre que lo buscaba sigilosamente con la mirada desde la entrada. Mientras Guerrero se manifestaba a dirigirse a la entrada vio cruzarse a Nora. El tiempo parecía más lento, fijó su mirada en Nora mientras ésta avanzaba hacía el otro lado del local con su vista fija en el con una leve expresión de pena y de adiós. Una vez quitada la mirada sobre Nora y dirigiéndose hacía la puerta vio un arma apuntándole la cabeza. Casi pudo ver como la bala se acercaba paso a paso, lo que fue casi instantáneo. Luego Un grito Desesperado de una clienta y Navarrete ya no estaba. El cuerpo cayó al suelo sin resistencia. Ya era tarde, la vida y la culpa de Guerrero dejaron de existir.

domingo, julio 23, 2006

Teodoro

Lázara Covarrubias nos ha enviado un cuento. ¡Gracias Lázara!

La velocidad con que se vive, no deja espacio para los que ya no están; sus logros y fracasos parecen lejanos y los relatos de otras vidas se vuelve un hábito ocioso, el ?había una vez?? no es sino un lujo difícil de alcanzar.
Sin embargo, cuando se intenta recordar los vacíos son tan definidos que la imaginación no se detiene ante la angustia, y en el error sólo hay un consuelo posible ?? así fue, porque no pudo ser de otra manera??

El tío Teodoro vivía en el estacionamiento de una importante avenida de ese lugar, imagino que llegó ahí contratado para cuidar los autos, porque cuando lo conocí era tan viejo que ni él mismo recordaba porqué o para qué estaba ahí. Algunos contaban que un día apareció sin decir nada y que desde entonces ya era tan viejo que nadie tuvo valor para preguntarle de dónde venía, otros decían que había trabajado en la construcción de aquel moderno edificio, que estuvo bajo las órdenes del ingeniero (en esa época no había lugar para finos arquitectos) encargado de tan importante empresa y que fue precisamente el día en que se celebraba el término de la obra cuando el viejo Teodoro resbaló golpeándose la cabeza, todos habían bebido de más, nadie se percató del accidente y desaparecieron uno a uno olvidándose del de él, quien aturdido por el golpe se olvidó de su último oficio y permaneció como fiel guardián en el estacionamiento de aquel lugar.

Mi abuela María le contó a mi padre que Teodoro era su tío, y mi padre a su vez nos lo contó a mí y a mis hermanos, pero yo siempre tuve mis dudas pues mi abuela María siempre tenía historias muy raras que contar, además nunca aclaró como es que lo sabía. Sin embargo, a mi edad eso no importaba mucho y la emoción de las visitas al tío Teodoro era más fuerte que mis dudas sobre el oscuro parentesco.

El estacionamiento no era muy grande, pero estaba lleno de autos lujosos, o al menos así me lo parecían pues contrastaban enormemente con la pobreza del cuarto en el que vivía con su compañera, cuyo nombre no logro recordar pues cuando Teodoro hizo la presentación oficial con la familia sus mujeres habían sido tantas, que nadie sintió interés en grabar su nombre, y por aquello de las confusiones todos comenzaron a llamarla ?la mujer de Teodoro?.

No todas sus pertenencias se encontraban en ese cuarto, ahí sólo había una cama (casi tan vieja como ellos dos) a la que le faltaba una pata y era sostenida no por libros, sino por una pila de revistas baratas que nunca leyeron pues no sabían hacerlo; una mesita de madera de segunda tan pequeñita que sólo servía para poner el pocillo de peltre para el café de cada mañana; dos tablas sosteniendo una vieja parrilla que alguien por compasión les obsequió; y no menos importantes dos banquitos que hacían las veces de sillas de comedor, uno de frío metal cubierto por una sucia manta y otro de madera; tres platos despostillados, dos cucharas, un cuchillo y cuatro tarros para ofrecer un poco de café a los invitados que nunca llegaban; y, no podían faltar las cuatro paredes no muy altas pero sí muy feas y cansadas de escuchar las historias del tío Teodoro, pues como ya dije no todas sus pertenencias estaban en ese cuarto, el tenía además dos ollas de barro completamente llenas de monedas de oro. ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡El tío Teodoro era rico!

Tenía no una, sino dos, dos ollas llenas de monedas de oro, ah pero eso sí oro del bueno, del que había antes, el que se podía conseguir durante la revolución.

Contaba una y otra vez que lo consiguió cuando era menos viejo y andaba en la bola, lo obtuvo en una hacienda del norte del país al mismo tiempo que conseguía a su primera esposa a la que por supuesto nadie conoció y de la que nunca se supo nada, pero que más daba, el tío Teodoro ¡era rico!.

De pronto todo tenía sentido, su vejez ya no era extraordinaria sino lógica, él estaba ahí por mí, había aguantado todos esos años porque me esperaba, porque quería contarme donde estaban las ollas que escondió cuidadosamente para no perder, sí, quería que yo las rescatara, ?el dinero? me decía en secreto cuando nadie nos miraba: ?está en un monte hacía el norte, entre dos pirules muy frondosos por cierto, no en el de la derecha sino en el de la izquierda, para llegar a ellas debes caminar tres pasos hacía donde se pone el sol, das vuelta al noroeste tres y medio pasos, saltas dos veces no muy alto y cavas de derecha a izquierda y ya está??.

Su historia me eclipsaba y había en su mirada una magia imposible de borrar y aunque no recuerdo cuando fue la última vez que estuve con él, sí recuerdo aquel hospital público en el que mi madre y yo esperamos por más de veinte minutos hasta que apareció la hermana de mi padre, para decir una serie de incoherencias, entre ellas, que la próstata de Teodoro no estaba bien y que muy probablemente era el final.

Por muchos años trate de no pensar en sus palabras, imaginando que tal vez ella no entendía, Teodoro no podía irse, de hecho nunca se fue. Yo lo guardé para mí, con la misma ilusión y el mismo celo con el que él guardó su tesoro, el que compartimos juntos y nos hizo menos pobres.

jueves, julio 13, 2006

El laberinto

Un poco tarde (no tan poco) pero les comparto un cuento que nos envió Giovanny. Gracias.


Se decía que el camino estaba maldito, y que cualquiera que se atrevía a pasar le sucedían cosas terribles.


Cuentan que un joven se perdió en esa vereda, encontraron al lado del cauce unas manchas de sangre en forma de manos cuando el diablo se lo llevó, jamás encontraron su cuerpo.

El otro día entre amigos, acordamos pasar por ese lugar, la apuesta era cruzarlo de noche y así probaríamos nuestra valentía.

Llegó el día, nos reunimos al lado del colegio, llegado el momento corrimos dentro de los matorrales, uno a uno cruzábamos los obstáculos, los callejones del laberinto, juramos ante todo no separarnos.

Corrimos buscando la salida, escuchábamos voces, el miedo se servía en una taza de café, acompañada de la repentina adrenalina que recorre los bongoes acelerados del corazón.

¡Cuantas veces caímos!, ataviados por el miedo, así nos levantábamos unos a otros, entonces dijo el mayor -¡Miren, allí esta una luz!- por fin habíamos llegado a la salida y corrimos todos chollados y llenos de mozote.

¡Que alegría!, lo habíamos logrado todos estábamos algo asustados, algo alegres, y entonces sobrevino el problema más grande que jamás me hubiera imaginado.

¡La llave! -Dije- ¡Se me cayó la llave!, tendré que volver por ella.

Ahí te ves -Me dijo uno-.
Nos vemos, ya es muy tarde -Me dijo otro-.
Este creo que mi mamá me está llamando -Comentó el más alto-.

¡Cobardes! -Dije- estaba solo y mi mente se debatía entre el deseo de alejarme y volver por la mañana o buscar entre los matorrales.

¡Al diablo! -Dije- que lo busque su abuela, volveré mañana bien tempranito apenas la luz del sol despierte el horizonte.

Y así fue, volví la mañana siguiente a buscar entre todo el recorrido, lo sé, tenía miedo, pero más grande era el miedo a la faja de cuero que me esperaba en casa.

Decidí ir solo, ya que los otros andaban en clase...

Llegué al camino, con mucho miedo, buscando en cada rincón la llave, y al pasar por un punto en medio del recorrido, había una especie de mirador, en su orilla crecía la verde grama, aquello era hermoso, disfrute el sentarme a respirar aire fresco, como en pocos lugares, no pude encontrar nada mas que aquel majestuoso lugar, a pesar de eso, dije: ¡qué bonito sería pasar todo el día!

¡Puedes hacerlo! -dijo una voz-.

Y patitas para que las tengo, si casi ni lo cuento, era una voz tenebrosa, como la de un joven, regresé por donde vine, con más frío que miedo. Les conté a los muchachos pero no me creyeron.

Tiempo más tarde, con más años, visité el sitio, sin miedo alguno, atrapado por la belleza de ese lugar, busqué el mismo sitio de aquel día maravilloso, pero no era el mismo, cerca unos chigüines en chancletas estaban recostados, ¡la próxima generación! -dije- y corrieron despavoridos del miedo.

Por alguna razón extraña tropecé con una piedra y me topé con una cueva, jamás en mi vida había visto algo así, dentro de la cueva encontré un cadáver y en sus huesudas manos llevaba una llave, la misma que había perdido años atrás.

Aún no encuentro una explicación razonable.

A veces creo que la llave está maldita, por que después de recuperarla he tenido el mismo sueño noche tras noche.

Me veo caminando cerca del puente, una mano tira de mí y caigo en el barranco, dentro del cauce un ejercito de almas en pena con candelas me persigue y busco como subir, al lograrlo corro directo a mi casa, golpeo con insistencia para que abran, no encuentro las llaves, el ejercito de zombis me persigue y justo cuando están a punto de llevarme, se escucha la cerradura abriéndose, en ese instante, distraído por los moribundos seres, se abre la puerta y una mano me tapa la vista introduciéndome a la casa.

Es allí donde despierto asustado, reconfortándome, tratando de olvidar esos sueños campados e irreales.

A veces quiero despertar de esta realidad, en donde un pequeño relato me sobresalta pasada la noche.